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viernes, 12 de octubre de 2012

¿HAS LASTIMADO A ALGUIEN QUE QUIERES?


¿HAS LASTIMADO A ALGUIEN QUE QUIERES?



Para saber si eres violento basta con responder SÍ a la pregunta: ¿has lastimado a alguien que quieres?

¿Has lastimado a alguien quieres?


La respuesta es sí o no, sin ambigüedades como "bueno, sólo una vez". ¿Has lastimado a alguien que quieres? Antes de responder, toma en cuenta que no estamos hablando sólo de lastimar físicamente, la pregunta incluye cualquier tipo de herida emocional o psicológica. Respóndete a ti mismo y verás que no existe el "sólo una vez".

Si recurres a la violencia física, debes estar consciente de que cuando atacas a otra persona estás violando la ley. Asume la responsabilidad por tus acciones y busca ayuda.

Para dejar de ser violento no basta con juramentos ni propósitos de año nuevo, hay que trabajar mucho en las creencias profundas en las que se ha sido educado y se requiere ayuda adecuada para ello. Mientras no hagas algo al respecto te arriesgas a ser suspendido en la escuela, a perder amistades, a lastimar a alguien de tu familia o a terminar en la cárcel.

Lo más eficaz para detener la violencia es analizar el punto en donde se genera. Es necesario dirigir la mirada hacia la propia familia y hacia uno mismo para ver y aceptar las distintas formas de violencia que ejercemos. Aunque vivamos en una familia en la que no hay golpizas u objetos voladores, es probable que se esté ejerciendo una violencia sutil y constante. Es posible que no te consideres violento porque jamás agredes física o verbalmente a los demás, pero puedes ser tremendamente violento contigo mismo en tu interior. Los resentimientos, los deseos de venganza y el odio reprimido son profundamente violentos y, aunque no te des cuenta, te dañan a ti y a tus seres queridos.

Tal vez no ataques a tus hermanos, pero sí lastimes al perro de tu casa o a alguno de la calle. La crueldad contra cualquier animal, el deseo de causarle daño, es violencia. Hay quienes sienten la necesidad de demostrar su superioridad torturando animales.

Son pocos los hombres que admiten su propio ejercicio de abuso de poder y de violencia, y muy pocos los que reconocer que recurren a ella para recuperar su prestigio, control o poder sobre otros. Se necesita ser un hombre muy maduro para alcanzar este grado de reconocimiento y aceptación.

Los jóvenes no deben de llegar a la edad adulta para reconocer que tienen un problema, cuando tal vez ya destrozaron una parte de su vida. La violencia no es algo que aparece hasta los treinta años. Hay hombres que fueron violentos de jóvenes pero, al no haber pedido ayuda a tiempo, la violencia fue creciendo hasta alcanzar grados intolerables.

La participación directa de los jóvenes en la desarticulación de la violencia es esencial para eliminarla en nuestra sociedad

VÍCTIMA DE VIOLENCIA


VÍCTIMA DE VIOLENCIA



¿Quieres saber si eres víctima de violencia? Entonces contesta las siguientes preguntas:


Víctima de violencia


La persona con quien te relacionas:


1. ¿te persigue todo el tiempo?

2. ¿Te acusa constantemente de serle infiel y te tortura con sus celos?

3. ¿Se opone a tus relaciones con otras amistades?

4. ¿Te prohíbe trabajar o asistir a la escuela?

5. ¿Te critica por cosa pequeñas?

6. ¿Se pone iracunda fácilmente luego de beber, consumir drogas o cuando la contradices?

7. ¿Te humilla delante de otras personas?

8. ¿Destruye tus pertenencias?

9. ¿Te pega, golpea, abofetea, patea o muerde?

10. ¿Utiliza o amenaza con usar un arma contra ti?

11. ¿Amenaza con hacerte daño?

12. ¿Te obliga a tener relaciones contra tu propia voluntad?


Sí la respuesta a las anteriores preguntas es SÍ, entonces eres víctima de violencia y es hora de pedir ayuda, no ignores el problema. Mantener la situación en secreto protege y otorga poder a quien te maltrata, así que debes hablar con alguien cuanto antes.

SALIR DE UNA RELACIÓN DESTRUCTIVA


SALIR DE UNA RELACIÓN DESTRUCTIVA



Lo siguientes son pasos que se pueden salir para salir de una relación destructiva. Ojo, no sólo aplica a relaciones de pareja, también sirven para quienes viven relaciones de violencia entre padres e hijos, amigos, familiares, etc.


Salir de una relación violenta


Paso 1: Romper el silencio.

El primer paso es hablar. El silencio de una víctima de cualquier tipo de violencia es el principal aliado de su agresor.

Hay varios motivos por los que una persona maltratada no se atreve a hablar, uno de ellos es el miedo. El temor a desencadenar la ira del agresor es enorme, por lo cual es muy importante saber elegir a la persona a la que se va a confiar el problema. Debe ser alguien de confianza, que no sepamos que no va a contárselo a todo el mundo, alguien que sepa escuchar. Puede ser un amigo o un maestro, pero lo ideal, si se tiene posibilidad, es recurrir a un terapeuta.

Las agresiones físicas, en particular el abuso sexual, son un delito penado por la ley y deben ser denunciadas. Es muy importante conocer cómo funciona el sistema penal en la localidad. Cuando se denuncia un delito, las pruebas son indispensables para que el juez dicte una sentencia justa. Si una persona denuncia que fue golpeada cuando han desaparecido los moretones, es probable que no le crean; pero si lo hace inmediatamente después de la agresión, estará presentando pruebas. Los testigos son igualmente útiles: pueden ser los vecinos u otro integrante de la familia que esté dispuesto a declarar, o también un médico que haya realizado curaciones frecuentes.

Es importante saber que cuando se denuncia a un agresor ante la ley no sólo se está poniendo a salvo a uno mismo, sino que se está salvando a otras posibles víctimas (incluyendo a miembros de la propia familia como hijos o hermanos menores).

La dependencia económica puede ser un motivo por el que se siga conviviendo con el agresor, por lo tanto es necesario generar un plan en donde otros puedan brindar ayuda económica de manera temporal como irse a la casa de amigos o familiares.


Paso 2: Aumentar la autoestima.

Para liberarse de la dependencia que genera una relación destructiva es necesario elevar la autoestima. Hacer todo aquello que le devuelva la confianza en sí mismo: frecuentar amistades no abusivas, leer libros de autoestima,  hacer ejercicio eligiendo un deporte que le guste o realizar aquello para lo que tiene aptitudes. Pero lo mejor es acudir a una terapia, algunas escuelas cuentan con apoyo psicológico, así como ciertas instituciones. Los grupos de apoyo, como los de jóvenes hijos de alcohólicos, son muy efectivos, además de gratuitos.

Muchas personas maltratadas creen que tienen la culpa de las agresiones que reciben. Es importante saber que no son culpables, es indispensable librarse de ese sentimiento de culpa para poder recuperar la autoestima.


Paso 3: Cortar comunicación con el agresor.

Cortar la comunicación con el agresor implica obviamente dejar de vivir con él. Ya vimos que hay que idear un plan para dejar la casa, incluso cuando se trata de menores de edad. En ocasiones esto parece sumamente difícil, ya que abandonar el hogar cuando se es económicamente dependiente genera angustia; pero hay que reconocer que se trata de un situación temporal y que una vez puesta a salvo la vida y la salud mental, se estará en condiciones de ganarse la vida.

Es muy importante no contestar mensajes o llamadas de parte del agresor, quien seguramente -al igual que en la fase de luna de miel- intentará que su víctima regrese de nuevo.


Paso 4: Buscar ayuda para resolver el problema de la dependencia.

La violencia genera dependencia emocional, por lo tanto es muy importante buscar ayuda psicológica para romper este esquema, de lo contrario se corre el riesgo de "engancharse" con otro abusador. Entre otras cosas, la terapia psicológica le enseñará al sobreviviente de una relación destructiva, a poner límites en las relaciones sin importar la necesidad de sentirse aceptado.

FASE DE LUNA DE MIEL


FASE DE LUNA DE MIEL



Como hemos visto, la violencia de pareja tiene un ciclo que incluye la fase de luna de miel.

Fase de luna de miel

Primero se da la tensión, el agresor va acumulando ira hasta que un día explota y entonces viene la agresión, que generalmente suele empezar por agresiones verbales y termina en golpes; pero después de estos ataques de ira, al menos las primeras veces, el agresor tratará de reconciliarse.

Esta etapa de reconciliación se conoce como "fase de luna de miel", porque el agresor se desborda en atenciones y trato amable y hace la "firme" promesa de que ese ataque jamás volverá a ocurrir.

Esta fase de luna de miel, es en donde quedan enganchadas muchas víctimas de violencia de doméstica, pues al haber un vínculo emocional se genera la esperanza de que realmente no vuelva a suceder. La persona agredida realmente quiere creer que la pareja cambiará su comportamiento de manera definitiva.

Desafortunadamente el cambio permanente no se presenta, las primeras veces el agresor siente una culpa terrible y tiene el temor real de que su pareja lo abandone, por eso se desvive hasta lo imposible por actuar de la manera necesaria para conseguir el perdón. Aún así, a pesar de las muestras de cariño que pueda prodigar, el agresor siempre creerá que la culpa de su enojo es de la otra persona por "provocarlo".

Una vez conseguido el perdón, el ciclo vuelve a repetirse cada vez de manera más intensa. Con el tiempo, el agresor se da cuenta de que su pareja no lo dejará, por lo que el ciclo de violencia llega al punto en que la fase de luna de miel ya no se presenta, sólo se hacen visibles los continuos ataques esta vez sin remordimientos por parte de quien agrede; pero para entonces, la víctima está en tal estado de codependencia que le será muy difícil (o incluso peligroso) alejarse.

jueves, 11 de octubre de 2012

PERSONALIDAD PSICÓPATA


PERSONALIDAD PSICÓPATA



Como ya vimos en la entrada "Personas con enfermedades mentales", hay personas con trastornos psiquiátricos -como la personalidad psicópata- que pueden desarrollar serias conductas violentas.

Personalidad psicópata


Por eso decidimos dejarles aquí un ejemplo del caso de un muchacho con personalidad psicópata:



La historia de Carlitos

Crecí en una familia de cuatro hermanos, dos mujeres y dos hombres. Soy la segunda y me sigue mi hermano Carlitos, a quien le pusieron el nombre de mi papá por ser el primer hombre.

Desde niño, Carlitos tenía un carácter diferente: hacía muchos berrinches y tenía problemas en la escuela, tanto de conducta como de disciplina. Siempre acababa peleándose con sus amiguitos y era muy mentiroso; contaba que los otros le habían pegado, robado, insultado; total, que siempre decía tener la razón. Lo peor es que mis papás le creían casi todo, y nosotros pensábamos que era así porque estaba muy consentido.

Mi hermana y yo dejamos de quererlo muy pronto. Era insoportable, teníamos que aguantar sus arranques de mal humor con gritos, patadas e insultos; además, nos robaba cualquier cosa que le gustara. Siempre hacía sus numeritos, cuando estábamos todos en el carro, listos para irnos de vacaciones a la playa, había que esperarlo una hora o más porque el niño estaba haciendo su berrinchito de que mejor no quería ir, mientra mi papá trataba de convencerlo, lo cual sólo lograba después de cumplirle algún capricho o darle dinero.

Fue creciendo y las cosas no cambiaron. En vez de madurar, empeoró. Pasó por nueve escuelas diferentes debido a que lo expulsaban por su conducta violenta. Como no le duraba ninguna amistad y nadie lo invitaba, teníamos que soportarlo metido en la casa. Jamás hacía algo por los demás, pero siempre exigía que se le cumplieran sus caprichos inmediatamente. Mi papá no quería darse cuenta de nada, a pesar que mi hermano nunca se le acercaba para otra cosa que no fuera pedirle dinero o permisos. Le sacaba dinero con las mentiras más ingeniosas, como que se iba a inscribir en clases de tenis o de inglés. Muchas veces se inscribió en escuelas de idiomas, deportes, gimnasios, computadoras, música, pintura, pero jamás fue más de tres veces a alguna de ellas.

Tenía 17 años y seguía igual, pero ahora sus arranques violentos ya nos daban miedo. Teníamos dos perritos que adorábamos, y un día los agarró a patadas; después estuvo torturando a los canarios con una vara. Mi hermano el más chico ha tenido que soportar su crueldad por mucho tiempo y también lo odia.

Cuando empezó a manejar, mi papá le compró un carro, a pesar de que ni la secundaria había podido terminar. Muy pronto tuvieron que ir a rescatarlo y pagar una fortuna, porque lo detuvieron por manejar borracho. Carlitos insultó al uniformado y, a patadas, le tiró la motocicleta. Lo que lo salvó fue ser menor de edad. En una ocasión, cuando apareció un arma en su mochila, afirmó que alguien le había introducido entre sus cosas y le creyeron.

Las conversaciones a la hora de la cena era siempre iguales. Todos los días, a Carlitos le había ocurrido algo espectacular y desagradable: algún imbécil o una vieja idiota le habían hecho algo, o había presenciado una balacera o un atropellamiento, llegaba a decir que lo habían asaltado y golpeado, aunque nunca le vimos un moretón.

No podíamos quejarnos, porque mi papá decía que nosotros o tratábamos mal; según Carlitos, las hermanas éramos las brujas; él nos acusaba a diario y mi papá le creía todas sus mentiras. Así que tratando de llevar la fiesta en paz, hacíamos todo para no exaltar a nuestro hermano. No lo contradecíamos, poníamos cada que de le creíamos todo y nos aguantábamos y reprimíamos el coraje que nos daba su falta de consideración hacia los demás, incluyendo el hecho de nos robara.

Todas las sirvientas se fueron porque Carlitos las trataba mal; les exigía que lo atendieran todo el día. Sin importar la hora, pedía que le sirvieran el desayuno o que le plancharan tal pantalón. Les gritaba y las ofendía hasta que se iban; según mis papás, todas eran rateras malagradecidas; pero una noche yo lo vi salir del cuarto de una de ellas y al día siguiente ella desapareció.

Cuando cumplí 19 años, mi hermana y yo conocimos a un psiquiatra en la boda de una amiga. Entre broma y broma le dijimos que iríamos a verlo porque las dos nos estábamos volviendo locas. Pero él no lo tomó en broma, y nos hizo muchas preguntas para saber lo que pasaba. Después de escuchar nuestras historias, en las que el protagonista siempre era Carlitos, nos ofreció recibirnos en su consultorio sin cobrar para hablar seriamente con nosotras.

Fuimos al día siguiente, creyendo que realmente se había dado cuenta de que estábamos necesitadas de ayuda pero lo que nos dijo fue una sorpresa: nos dio una cátedra sobre el padecimiento de mi hermano y nos recomendó seriamente alejarnos de él porque era un individuo peligroso.

Con mucho trabajo, entendimos que el problema era serio y que, por el momento, nosotras no podíamos hacer nada por nuestros papás ni por nuestro hermano menor.

Las dos conseguimos empleos de medio tiempo, porque ya estábamos en la universidad, gracias a Dios en la UNAM, en donde las colegiaturas no son elevadas, nos fuimos a vivir a un departamentito, cerca de la universidad.

La salida de la casa fue horrible. Mis papás reaccionaron muy mal y no entendieron, o no quisieron entender nuestros motivos. Les dimos una fotocopia con la descripción de la enfermedad de mi hermano y mi papá, fúrico, la rompió. No la leyó. A gritos empezó a alegar que Carlitos era muy inteligente, que no era retrasado mental y que nosotras estábamos atentando contra su prestigio. Hasta nos amenazó para que no anduviéramos diciendo por ahí a los conocidos que nuestro hermano estaba loco.

A mi hermano menor le ofrecimos nuestra ayuda cuando la necesitara, y lo invitamos a vivir con nosotras en el momento en que consiguiera permiso o, si no,  cuando tuviera 18 años. Pero antes de cumplirlos ya estaba viviendo con nosotras. A las mascotas las pudimos rescatar porque eran nuestras.

La comunicación con mis papás se cortó y nunca volvimos a hablarnos. Nos enteramos de dos o tres ocasiones en que Carlitos fue detenido por la policía, y de una en que fue atendido en el hospital por una sobredosis de droga (me imagino que con el cuento de que se la pusieron en la bebida). También sabemos que sigue sin amigos ni amigas, y que se le conoce como el más sangrón y presumido de la colonia, todo el mundo le da vuelta.

Desconocemos cuántas veces tuvo problemas con la justicia, pero la última vez asesinó a un tipo. Lo molió a golpes en una establecimiento que contaba con cámaras de televisión. No supimos ni quisimos conocer los detalles; nos bastó saber que había pruebas suficientes y que se quedaría muchos años encerrado sin que los abogados de mi papá pudieran hacer nada.

Antes sentía lástima por mis papás porque pensaba que realmente trataron de formar una familia unida, pero ahora no siento nada. Sé que no fue su culpa que mi hermano estuviera enfermo, pero nosotros también éramos sus hijos y nunca se pusieron de nuestro lado. Ninguno de los tres los buscamos ni ellos a nosotros.


Fuente: Lammoglia Ernesto. El amor no tiene por qué doler. Ed. Grijalbo

PERSONAS CON ENFERMEDADES MENTALES


PERSONAS CON ENFERMEDADES MENTALES



Una creencia muy extendida, es aquella que se refiere a los maltratadores como si fueran personas con enfermedades mentales.


Personas con enfermedades mentales


Cuando escuchamos de algún caso de un hombre que golpea a su esposa, inmediatamente viene a la mente la frase "está enfermo". La verdad es que no, los  hombres violentos suelen ser personas normales con vidas normales, pero que se han educado con las creencias de que los hombres deben ser violentos y que las mujeres deben hacer todo lo que ellos quieren, generando así terribles consecuencias.

Sin embargo, sí hay casos en donde las personas con enfermedades mentales desarrollan conductas violentas y antisociales. Ya es bastante peligroso un hombre no enfermo que ejerce violencia; pero lo es mucho más una persona con una enfermedad psiquiátrica con patrones violentos, sobretodo cuando no se le diagnóstica ni está bajo tratamiento médico.

En el caso de las personas con enfermedades mentales, que además pudieron haber crecido con modelos de masculinidad violentos agravando aún más el problema, la violencia es difícil de contener y por eso se les suele recluir en hospitales psiquiátricos.

También existe un padecimiento psiquiátrico muy peligroso: la personalidad psicópata. Los psicópatas son incapaces de crear lazos afectivos, no sienten compasión ni remordimiento pero pueden aprender a fingir ciertas conductas para rodearse de gente que les puede ser útil, por eso son sumamente peligrosos. Aunque sólo el 1% de la población llega a desarrollar esta patología, su diagnóstico es difícil y la familia pocas veces llega a darse cuenta.

ALCOHOL Y VIOLENCIA


ALCOHOL Y VIOLENCIA



Mucha gente relaciona el alcohol y la violencia, lo que es más, muchas personas están realmente convencidas de que un maltratador es violento debido a su alcoholismo.

Alcohol y violencia


Sí es cierto, muchos agresores tienen adicciones y padecen de alcoholismo, pero lo cierto es que un agresor sigue ejerciendo violencia aún cuando no consuma alcohol u otras drogas.

Además, también está el hecho de que no todos los alcohólicos agreden a sus parejas o a sus hijos, de manera que no se puede declarar que la agresión sea producto del consumo de alcohol.

Pero mucha gente lo cree así, y entonces se permanece en la relación con la esperanza de que el agresor dejará su comportamiento en cuanto deje el alcohol. Por lo regular ninguna de las dos cosas sucede.

Los grupos de Alcohólicos Anónimos cuentan con numerosos testimonios de agresiones de sus miembros en contra de la esposa, los hijos u otros familiares. Entre otras cosas, confiesan haberlos golpeado o insultado. Son miles los relatos de mujeres y niños que han sido golpeados brutalmente por hombres alcoholizados. Pero no todos los borrachos son agresivos ni todos los violentos son borrachos. Lo que hace el alcohol es desinhibir la violencia que ya ejerce el individuo y proporcionar una excusa para comportamientos inadmisibles.

Cuando una persona violenta padece una adicción, causa un daño terrible a los suyos y a sí mismo. La combinación de las dos cosas es fatal. La mayoría de los individuos con estos problemas entra en algún programa de Alcohólicos Anónimos cuando el nivel de daño en la familia es enorme.

lunes, 8 de octubre de 2012

QUÉ ES LA CODEPENDENCIA EMOCIONAL


QUÉ ES LA CODEPENDENCIA EMOCIONAL


Codependencia es un término que se utiliza en las adicciones y se refiere a la necesidad del adicto de vivir a expensas de la sustancia.

Qué es la codependencia emocional


La codependencia emocional, se utiliza también para referirse al patrón conductual que presentan muchos familiares de un adicto, en donde terminan tomando decisiones en función de los pensamientos y conductas del adicto.

Los codependientes suelen sentirse responsables por la conducta del adicto, creen que tienen la obligación sobrellevar al adicto y sienten que si se alejan están traicionando su compromiso con esa persona como amigo, familiar o pareja.

Las personas copdendientes presentan la siguiente conducta en relación con el adicto:

1. Sobreprotección. Tienden a hacer todo cuanto esté en sus manos para que el adicto no se haga responsable de las consecuencias que genera su conducta.

2. Intento de control. Creen que pueden modificar el comportamiento del adicto.

3. Asumir responsabilidades. Asumen responsabilidades en tareas que debería realizar el adicto.

4. Racionalización. El codependiente justifica la conducta del adicto, suele usar frases como "bebe porque está estresado".

Al igual que la relación con una persona adicta genera codependencia, las relaciones con maltratadores generan codependencia emocional.

Muchos piensan que las víctimas de violencia están enfermas de alguna manera y que por eso buscan relaciones destructivas. Si bien es cierto que en muchas familias se siguen patrones de violencia que generan un círculo vicioso de generación en generación, también es verdad que es la relación directa con el maltratador y el aislamiento que éste induce, son los factores que desencadenan la codependencia emocional y que dificultan que la víctima se aleje de su agresor.

La víctima de maltrato esconden sus golpes y moretones para que su agresor no pague las consecuencias, creen de esta manera que lo están protegiendo y que con el tiempo la situación cambiará; piensan que pueden modificar la conducta de su agresor y se vuelven hipersensibles a sus deseos creyendo que así evitarán nuevos episodios de violencia; y también justifican las agresiones con frases como "es que ha tenido un mal día", "es el estrés del trabajo", "son los problemas económicos".

Todas estas conductas son síntomas de codependencia emocional, y se requiere de ayuda psicológica y terapia para terminar con ese patrón de conducta.

lunes, 1 de octubre de 2012

ÉTICA MÉDICA


ÉTICA MÉDICA



La ética médica les dice a los doctores que deben ayudar al paciente a recuperarse de su mal y que pondrán ello todas sus fuerzas y su inteligencia.


Ética médica


Al menos así lo dicen en el Juramento Hipocrático:



"Estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia."


Cuando se trata de maltrato infantil, la ética médica parece ser entendida sin más interpretaciones. Los médicos, en cuanto llega un niño lesionado al hospital, preguntan cómo fue y quien lo hizo. Incluso hay clínicas en donde antes de dar de baja al infante, la trabajadora social debe dar el visto bueno de que no se ha tratado de un caso de abuso por parte de los padres o tutores.


Pero cuando hablamos de mujeres maltratadas, la ética médica no parece ser tan funcional.


Muchas mujeres llegan con frecuentes golpizas a la clínica que les corresponde. Acuden a un médico general para curar las heridas producto de los golpes. Existen muchos centros de salud a los que van esas mujeres, pero los médicos sólo atienden las consecuencias de la golpiza sin indagar si se trata de un caso de violencia doméstica.


¿Dónde está la ética médica entonces? Esa que dice que no se permitirá ninguna injusticia. Aparentemente, en esos casos la ética médica está superada por el dicho: "la ropa sucia se lava en casa". Y es que la mayoría de los médicos, hombres y mujeres, consideran que la violencia doméstica es un asunto privado que la mujer que atienden debe resolver por su cuenta, que en ello no se deben de "meter".

Sería diferente si también para estas mujeres hubiera una trabajadora social que constatara que sus constantes golpes no son producto de la violencia doméstica, si los médicos denunciaran cuando se percatan de que están tratando a una víctima de abuso, si la medicina no considerara la violencia contra la mujer como un asunto privado.


Si eres médico y te das cuenta de que tu paciente es una víctima de violencia, lo menos que puedes hacer es invitarla a que denuncie su situación.

MIEDO AL ABANDONO


MIEDO AL ABANDONO



Son muchas las mujeres que aguantan el maltrato debido al miedo al abandono.

miedo al abandono


Cuando una mujer ha vivido muchísimo tiempo junto a un agresor, ella comienza a desarrollar una codependencia tal, que siente que no podrá seguir viviendo sin "ayuda" del agresor.

Muchas de estas mujeres se han alejado de toda la ayuda real posible, el agresor las aleja de los amigos y la familia. Literalmente no tienen a quien recurrir, incluso llegan a dejar el trabajo por la presión de su victimario, lo cual las deja sin recursos económicos.

En una situación así hay una desesperación absoluta: ellas no se pueden ir, pero también tienen el miedo constante a que la única persona con la que tienen contacto y que las mantiene se vaya. En estas circunstancias el miedo al abandono es muy real.

Lo curioso es que a la larga, casi todas terminan así: abandonadas. No literalmente, pues agresor siempre regresa al hogar a imponer su autoridad; pero generalmente se desaparecen durante el día, llegando a altas horas de la noche, sin tener ningún contacto emocional con la esposa ni los hijos, no se hace cargo de sus responsabilidades paternas dejando a ella toda la carga, y en muchas ocasiones ni siquiera lleva dinero a la casa pues todo se lo gasta en él mismo.

Más abandono que ese no puede haber. Por eso es muy importante que las personas no se alejen de sus círculos de amigos y sobretodo de su familia. Y también tener conciencia, de aunque te hayas alejado de ellos, en caso de que lo necesites siempre puedes volver a recuperar el contacto.

En situaciones de violencia cualquier ayuda es necesaria, y también es necesario superar el miedo al abandono.

VIOLENCIA SEXUAL


VIOLENCIA SEXUAL



Muchas mujeres sufren también de violencia sexual en su relación de pareja. Incluso es posible que llegue a ocurrir una violación, lo cual es un delito y debe ser denunciado.

Violencia sexual


Cuando una mujer es obligada o coaccionada a tener relaciones sexuales, está siendo víctima de violencia sexual doméstica. Aunque en muchos casos esta situación no se denuncia debido a la cultura machista que hace creer que la mujer siempre tiene que estar dispuesta a satisfacer a su pareja en el momento que él quiera. Se cree que a los hombres les está permitido hacer todo lo que se les ocurra, mientras que las mujeres están obligadas a aguantar.

La violencia sexual puede incluir también acoso y hostigamiento, aún dentro del matrimonio. Desafortunadamente no en todos los países es delito. En México por ejemplo, hay estados en donde si tu marido te viola no puedes hacer nada al respecto, incluso las propias autoridades llegan a decirle a la víctima "hay señora entonces para qué se casó".

Definitivamente las mujeres no se casan para ser violadas y acosadas sexualmente dentro de sus propios hogares. Y el cónyuge, aunque tenga la bendición de un obispo, no tiene derecho para obligar a su pareja a hacer cosas que le disgustan.

LA GENTE NO CAMBIA


LA GENTE NO CAMBIA



Una de las grandes fantasías dentro del ciclo de violencia, es creer que el agresor cambiará. La triste realidad es que la gente no cambia.


La gente no cambia


En muchas ocasiones, las personas agredidas creen que de alguna manera pueden hacer algo para evitar un nuevo ataque.

A veces se piensa que al cambiar la propia conducta y hacer todo lo que el agresor quiere, entonces los ataques cesarán; pero ya hemos leído que esto no sucederá así, puesto que las agresiones dependen sólo del  atacante.

En otros casos, la víctima cree de alguna manera que puede cambiar al agresor. Justifica la conducta violenta con algún oscuro pasado que se sufrió, pretexto que muchos agresores también utilizan, y entonces se pone todo el empeño del mundo en "curar" a la persona amada. La verdad, es que aunque seguramente la persona violenta aprendió y creció creyendo que esa conducta es correcta, la única responsabilidad de sus actos recae en ella misma. Si alguien realmente quiere cambiar su conducta, no dejará esa responsabilidad a su pareja ni la culpará, sino que se hará cargo de sí mismo para resolver su condición.

Por último, también están aquellas personas que piensan que el agresor cambiará su conducta si cambia su estado civil, creen que la pareja cambiará cuando se casen o vivan juntos. El peor error, cuando se ha tenido un noviazgo con maltrato, es creer que al vivir juntos se acabarán las agresiones. La verdad es que siempre aumentan porque una vez dado ese paso, la víctima está en cierta forma acorralada y el agresor la tiene más a la mano.

La gente no cambia a menos que tenga la absoluta convicción de que debe hacerlo, y cuando lo comienza a hacer no le adjudica esa responsabilidad a los otros.

Si vives una relación violenta, no te quedes con la esperanza de que cambiará, no te inmoles por algo que no sucederá y que puede poner en peligro tu vida.