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viernes, 30 de agosto de 2013

PUEDO CAMBIAR

Cuántas veces hemos escuchado la frase "puedo cambiar" en medio de un rompimiento.


PUEDO CAMBIAR


"Puedo cambiar" generalmente es una frase manipuladora, implica que la persona agresora es perfectamente consciente de todos los males que ejerce en contra de su pareja y aún así lo sigue haciendo, a pesar de que sabe que su contraparte sufre.

La frase "puedo cambiar" (o similares como "te juro que cambiaré", "seré otro/a", "por ti yo sí cambiaría", etc.) surge generalmente cuando uno de los miembros de la pareja se da cuenta de que la otra parte lo manipula, chantajea, grita, controla, o presenta algún otro comportamiento agresivo que pudiera empeorar en el futuro, y entonces decide terminar la relación. Es entonces, ante la amenaza de perder a la pareja, que el miembro agresor hace hasta lo imposible para evitar el abandono: ruega y promete cambiar por el bien de la relación. Y es entonces, cuando la persona agredida puede conmoverse y decidir continuar con una segunda (que a veces se convierte en tercera o cuarta) oportunidad.

En estas situaciones, ese "puedo cambiar" es el equivalente al "lo siento" de un niño que se disculpa sólo para evitar el regaño de sus padres y no porque realmente entienda que está haciendo algo incorrecto.

Aquí la cosa es, cuando sabemos que algo anda mal con nosotros porque nos daña o daña a los demás, tratamos de cambiarlo: pedimos ayuda, vamos a terapia, solicitamos consejos. Todo esto para mejorar nuestra relación los demás.

Pero cuando una persona utiliza la frase "puedo cambiar" sólo para evitar una ruptura, no lo está haciendo porque realmente crea que hay algo mal en ella misma, sino porque espera que con eso el otro cambie de opinión. Dice eso para manipular la conducta de la pareja y no para expresar una verdadera intención de cambio.

Y las cosas quizá "cambien" durante un tiempo. Lo cierto es que no es un cambio real, se trata sólo de atenciones especiales y momentáneas en un intento de conservar a la pareja; pero una vez que pasa la crisis, el agresor vuelve a actuar como siempre lo hace, pues para él así es como se debe actuar.

Por eso es muy común escuchar de historias en donde alguien utiliza el "puedo cambiar" y durante unas semanas se convierte en el galante ejemplar: flores, regalos, cenas románticas, comidas especiales. Y al cabo de un tiempo vuelve a gritar o chantajear, y culpar a la pareja de sus propios desplantes.

¿Y qué pasa cuándo en medio de la discusión se decide no hacer caso a ese "puedo cambiar" y terminar la relación? Es ahí cuando realmente puedes ver las verdaderas intenciones de cambio, pues generalmente la reacción es de odio e ira, gritos, acusaciones, etc.

Moraleja: Si decides terminar una relación porque te sientes incómoda con la conducta de tu pareja, recuerda que la frase "puedo cambiar" no va a borrar automáticamente todo su historial de meses de abuso y, lo que es peor, le dará la oportunidad de incrementar sus maltratos.

jueves, 11 de octubre de 2012

PERSONALIDAD PSICÓPATA


PERSONALIDAD PSICÓPATA



Como ya vimos en la entrada "Personas con enfermedades mentales", hay personas con trastornos psiquiátricos -como la personalidad psicópata- que pueden desarrollar serias conductas violentas.

Personalidad psicópata


Por eso decidimos dejarles aquí un ejemplo del caso de un muchacho con personalidad psicópata:



La historia de Carlitos

Crecí en una familia de cuatro hermanos, dos mujeres y dos hombres. Soy la segunda y me sigue mi hermano Carlitos, a quien le pusieron el nombre de mi papá por ser el primer hombre.

Desde niño, Carlitos tenía un carácter diferente: hacía muchos berrinches y tenía problemas en la escuela, tanto de conducta como de disciplina. Siempre acababa peleándose con sus amiguitos y era muy mentiroso; contaba que los otros le habían pegado, robado, insultado; total, que siempre decía tener la razón. Lo peor es que mis papás le creían casi todo, y nosotros pensábamos que era así porque estaba muy consentido.

Mi hermana y yo dejamos de quererlo muy pronto. Era insoportable, teníamos que aguantar sus arranques de mal humor con gritos, patadas e insultos; además, nos robaba cualquier cosa que le gustara. Siempre hacía sus numeritos, cuando estábamos todos en el carro, listos para irnos de vacaciones a la playa, había que esperarlo una hora o más porque el niño estaba haciendo su berrinchito de que mejor no quería ir, mientra mi papá trataba de convencerlo, lo cual sólo lograba después de cumplirle algún capricho o darle dinero.

Fue creciendo y las cosas no cambiaron. En vez de madurar, empeoró. Pasó por nueve escuelas diferentes debido a que lo expulsaban por su conducta violenta. Como no le duraba ninguna amistad y nadie lo invitaba, teníamos que soportarlo metido en la casa. Jamás hacía algo por los demás, pero siempre exigía que se le cumplieran sus caprichos inmediatamente. Mi papá no quería darse cuenta de nada, a pesar que mi hermano nunca se le acercaba para otra cosa que no fuera pedirle dinero o permisos. Le sacaba dinero con las mentiras más ingeniosas, como que se iba a inscribir en clases de tenis o de inglés. Muchas veces se inscribió en escuelas de idiomas, deportes, gimnasios, computadoras, música, pintura, pero jamás fue más de tres veces a alguna de ellas.

Tenía 17 años y seguía igual, pero ahora sus arranques violentos ya nos daban miedo. Teníamos dos perritos que adorábamos, y un día los agarró a patadas; después estuvo torturando a los canarios con una vara. Mi hermano el más chico ha tenido que soportar su crueldad por mucho tiempo y también lo odia.

Cuando empezó a manejar, mi papá le compró un carro, a pesar de que ni la secundaria había podido terminar. Muy pronto tuvieron que ir a rescatarlo y pagar una fortuna, porque lo detuvieron por manejar borracho. Carlitos insultó al uniformado y, a patadas, le tiró la motocicleta. Lo que lo salvó fue ser menor de edad. En una ocasión, cuando apareció un arma en su mochila, afirmó que alguien le había introducido entre sus cosas y le creyeron.

Las conversaciones a la hora de la cena era siempre iguales. Todos los días, a Carlitos le había ocurrido algo espectacular y desagradable: algún imbécil o una vieja idiota le habían hecho algo, o había presenciado una balacera o un atropellamiento, llegaba a decir que lo habían asaltado y golpeado, aunque nunca le vimos un moretón.

No podíamos quejarnos, porque mi papá decía que nosotros o tratábamos mal; según Carlitos, las hermanas éramos las brujas; él nos acusaba a diario y mi papá le creía todas sus mentiras. Así que tratando de llevar la fiesta en paz, hacíamos todo para no exaltar a nuestro hermano. No lo contradecíamos, poníamos cada que de le creíamos todo y nos aguantábamos y reprimíamos el coraje que nos daba su falta de consideración hacia los demás, incluyendo el hecho de nos robara.

Todas las sirvientas se fueron porque Carlitos las trataba mal; les exigía que lo atendieran todo el día. Sin importar la hora, pedía que le sirvieran el desayuno o que le plancharan tal pantalón. Les gritaba y las ofendía hasta que se iban; según mis papás, todas eran rateras malagradecidas; pero una noche yo lo vi salir del cuarto de una de ellas y al día siguiente ella desapareció.

Cuando cumplí 19 años, mi hermana y yo conocimos a un psiquiatra en la boda de una amiga. Entre broma y broma le dijimos que iríamos a verlo porque las dos nos estábamos volviendo locas. Pero él no lo tomó en broma, y nos hizo muchas preguntas para saber lo que pasaba. Después de escuchar nuestras historias, en las que el protagonista siempre era Carlitos, nos ofreció recibirnos en su consultorio sin cobrar para hablar seriamente con nosotras.

Fuimos al día siguiente, creyendo que realmente se había dado cuenta de que estábamos necesitadas de ayuda pero lo que nos dijo fue una sorpresa: nos dio una cátedra sobre el padecimiento de mi hermano y nos recomendó seriamente alejarnos de él porque era un individuo peligroso.

Con mucho trabajo, entendimos que el problema era serio y que, por el momento, nosotras no podíamos hacer nada por nuestros papás ni por nuestro hermano menor.

Las dos conseguimos empleos de medio tiempo, porque ya estábamos en la universidad, gracias a Dios en la UNAM, en donde las colegiaturas no son elevadas, nos fuimos a vivir a un departamentito, cerca de la universidad.

La salida de la casa fue horrible. Mis papás reaccionaron muy mal y no entendieron, o no quisieron entender nuestros motivos. Les dimos una fotocopia con la descripción de la enfermedad de mi hermano y mi papá, fúrico, la rompió. No la leyó. A gritos empezó a alegar que Carlitos era muy inteligente, que no era retrasado mental y que nosotras estábamos atentando contra su prestigio. Hasta nos amenazó para que no anduviéramos diciendo por ahí a los conocidos que nuestro hermano estaba loco.

A mi hermano menor le ofrecimos nuestra ayuda cuando la necesitara, y lo invitamos a vivir con nosotras en el momento en que consiguiera permiso o, si no,  cuando tuviera 18 años. Pero antes de cumplirlos ya estaba viviendo con nosotras. A las mascotas las pudimos rescatar porque eran nuestras.

La comunicación con mis papás se cortó y nunca volvimos a hablarnos. Nos enteramos de dos o tres ocasiones en que Carlitos fue detenido por la policía, y de una en que fue atendido en el hospital por una sobredosis de droga (me imagino que con el cuento de que se la pusieron en la bebida). También sabemos que sigue sin amigos ni amigas, y que se le conoce como el más sangrón y presumido de la colonia, todo el mundo le da vuelta.

Desconocemos cuántas veces tuvo problemas con la justicia, pero la última vez asesinó a un tipo. Lo molió a golpes en una establecimiento que contaba con cámaras de televisión. No supimos ni quisimos conocer los detalles; nos bastó saber que había pruebas suficientes y que se quedaría muchos años encerrado sin que los abogados de mi papá pudieran hacer nada.

Antes sentía lástima por mis papás porque pensaba que realmente trataron de formar una familia unida, pero ahora no siento nada. Sé que no fue su culpa que mi hermano estuviera enfermo, pero nosotros también éramos sus hijos y nunca se pusieron de nuestro lado. Ninguno de los tres los buscamos ni ellos a nosotros.


Fuente: Lammoglia Ernesto. El amor no tiene por qué doler. Ed. Grijalbo

PERSONAS CON ENFERMEDADES MENTALES


PERSONAS CON ENFERMEDADES MENTALES



Una creencia muy extendida, es aquella que se refiere a los maltratadores como si fueran personas con enfermedades mentales.


Personas con enfermedades mentales


Cuando escuchamos de algún caso de un hombre que golpea a su esposa, inmediatamente viene a la mente la frase "está enfermo". La verdad es que no, los  hombres violentos suelen ser personas normales con vidas normales, pero que se han educado con las creencias de que los hombres deben ser violentos y que las mujeres deben hacer todo lo que ellos quieren, generando así terribles consecuencias.

Sin embargo, sí hay casos en donde las personas con enfermedades mentales desarrollan conductas violentas y antisociales. Ya es bastante peligroso un hombre no enfermo que ejerce violencia; pero lo es mucho más una persona con una enfermedad psiquiátrica con patrones violentos, sobretodo cuando no se le diagnóstica ni está bajo tratamiento médico.

En el caso de las personas con enfermedades mentales, que además pudieron haber crecido con modelos de masculinidad violentos agravando aún más el problema, la violencia es difícil de contener y por eso se les suele recluir en hospitales psiquiátricos.

También existe un padecimiento psiquiátrico muy peligroso: la personalidad psicópata. Los psicópatas son incapaces de crear lazos afectivos, no sienten compasión ni remordimiento pero pueden aprender a fingir ciertas conductas para rodearse de gente que les puede ser útil, por eso son sumamente peligrosos. Aunque sólo el 1% de la población llega a desarrollar esta patología, su diagnóstico es difícil y la familia pocas veces llega a darse cuenta.

lunes, 1 de octubre de 2012

LA GENTE NO CAMBIA


LA GENTE NO CAMBIA



Una de las grandes fantasías dentro del ciclo de violencia, es creer que el agresor cambiará. La triste realidad es que la gente no cambia.


La gente no cambia


En muchas ocasiones, las personas agredidas creen que de alguna manera pueden hacer algo para evitar un nuevo ataque.

A veces se piensa que al cambiar la propia conducta y hacer todo lo que el agresor quiere, entonces los ataques cesarán; pero ya hemos leído que esto no sucederá así, puesto que las agresiones dependen sólo del  atacante.

En otros casos, la víctima cree de alguna manera que puede cambiar al agresor. Justifica la conducta violenta con algún oscuro pasado que se sufrió, pretexto que muchos agresores también utilizan, y entonces se pone todo el empeño del mundo en "curar" a la persona amada. La verdad, es que aunque seguramente la persona violenta aprendió y creció creyendo que esa conducta es correcta, la única responsabilidad de sus actos recae en ella misma. Si alguien realmente quiere cambiar su conducta, no dejará esa responsabilidad a su pareja ni la culpará, sino que se hará cargo de sí mismo para resolver su condición.

Por último, también están aquellas personas que piensan que el agresor cambiará su conducta si cambia su estado civil, creen que la pareja cambiará cuando se casen o vivan juntos. El peor error, cuando se ha tenido un noviazgo con maltrato, es creer que al vivir juntos se acabarán las agresiones. La verdad es que siempre aumentan porque una vez dado ese paso, la víctima está en cierta forma acorralada y el agresor la tiene más a la mano.

La gente no cambia a menos que tenga la absoluta convicción de que debe hacerlo, y cuando lo comienza a hacer no le adjudica esa responsabilidad a los otros.

Si vives una relación violenta, no te quedes con la esperanza de que cambiará, no te inmoles por algo que no sucederá y que puede poner en peligro tu vida.

viernes, 28 de septiembre de 2012

PAREJA DESTRUCTIVA


PAREJA DESTRUCTIVA



Cuando hablamos de violencia en la pareja, es curioso notar como las muchas historias que cuentan las víctimas son muy similares. Los relatos de una pareja destructiva tienen sorprendentemente el mismo principio, la misma evolución, y generalmente dos finales: la víctima sobrevive y escapa de la violencia... o muere.


Pareja destructiva


Aquí una descripción de la historia de una pareja destructiva:

Primero se da un "enganche", una chica conoce a un chico y se enamoran. Generalmente las mujeres buscan en un hombre ciertas cualidades: seguridad, amor, confianza, credibilidad. Esto es así porque a la mayoría de las chicas les enseñan que así debe ser un hombre cuando de amor se trata.

En cambio, a los hombres se les educa para ser dominantes y no expresar sus emociones ni sentimientos; pero también aprenden que las mujeres son todo lo contrario y que para conquistarlas deben aparentar ser seguros de sí mismos y amorosos.

El hombre educado de esta manera tiene altas posibilidades de ser agresor, pues se le enseña a comportarse con violencia. También se le inculca que a la mujer se le debe "conquistar", lo cual significa portarse con ella de manera amable y protectora hasta que finalmente acepte ser su pareja.

Tiene lugar entonces un falso cortejo que funciona con base en las puras apariencias: las partes embonan a simple vista como una tuerca y un tornillo. Ella espera amor y protección, él se los da para poder conquistarla y NO para demostrar amor, porque de lo contrario se sentiría débil y "poco hombre".

Una vez que el enganche se ha llevado a cabo comenzarán a aparecer las agresiones. Al principio suelen ser muy sutiles: pequeñas escenas de celos o comentarios que, aunque se aparente estar bromeando, desvalorizan al otro usando palabras como "tonta" o "no entiendes nada". Frases engañosamente cariñosas como "Ay mi amor, mejor no opines" hacen que la víctima vaya perdiendo su autoestima. De esta manera, la tensión va creciendo poco a poco.

En muchas ocasiones el joven enamora a la muchacha más guapa, aquella a la que todos voltean a ver. Una vez que son novios y ella ha empezado a ceder, él le pide o le exige que no se arregle porque no quiere que la volteen a ver. La muchacha concede sin detenerse a pensar en la contradicción: lo que a él le había gustado es lo que ahora le prohíbe.

Cuando todo parece ir muy bien y aparece la primera agresión, la víctima se paraliza, ya sea debido a la confusión causada por el maltrato de quien presumiblemente "la ama", o porque trata de justificar ese comportamiento llegando incluso a sentirse culpable.

Posteriormente, el agresor trata de aislar a la víctima de sus familiares y amigos para que no tenga apoyos, y ésta hace lo que él dice pensando que así podrá evitar el conflicto; pero no lo logra, sin importar lo que haga o deje de hacer, el otro buscará la forma de empezar las discusiones. El aislamiento es el meollo del maltrato y una de las condiciones para ejercer la violencia. Este dominio va en aumento, pues el agresor pretende demostrar que el otro es de su "propiedad".

Por lo regular, la víctima mantiene todo en secreto, no dice lo que está pasando a sus amigos o familiares por vergüenza o para evitar conflictos.

El agresor por supuesto, no ejerce la violencia todo el tiempo: tiene cambios bruscos y entonces se arrepiente, pide perdón y da un trato afectuoso. Generalmente "encantador" en esa etapa, hace pensar a la víctima que todo puede cambiar; pero no es verdad, así se arrepienta y pida perdón, irremediablemente volverá a hacerlo. Se da así un círculo llamado fase de tensión-maltrato-reconciliación, la víctima cree realmente que su agresor es sincero cuando le dice que la quiere pero el ciclo vuelve a comenzar.

Relaciones como éstas no mejoran nunca, ni siquiera logran mantenerse en una etapa de agresión verbal, la mayoría terminan en golpes.

La alternancia entre amabilidad y maltrato, mantiene viva en la víctima la esperanza de que todo cambiará. Muchas se proponen hacer que el otro cambie, creen que pueden reeducarlo y piensan que es su responsabilidad lograr que permanezca sin alterarse.

La víctima de una relación de abuso trata de evitar el conflicto todo el tiempo, intenta adivinar los pensamientos del otro para tenerlo tranquilo. En una relación sana no hay que leer la mente ni adivinar los pensamientos del otro, tampoco hay que hacer intentos para cambiar su manera de pensar o actuar: se le acepta como es o se va uno a buscar a otro lado.

Las relaciones perfectas no existen; siempre habrá diferencias que conciliar, negociaciones que hacer y algunas veces uno tendrá que ceder frente al otro y viceversa. El problema se da cuando el que cede siempre es el mismo.

Las cosas deben ser llamadas por su nombre, y una relación de abuso no tiene nada de romántica ni amorosa: simplemente se trata de una relación de odio.


Fuente: Lammoglia Ernesto. El amor no tiene por qué doler. Ed. Grijalbo

miércoles, 26 de septiembre de 2012

ABUSADOR EMOCIONAL


ABUSADOR EMOCIONAL



Un abusador emocional utiliza la violencia psicológica para desestabilizar a su víctima y hacer que pierda confianza en sí misma para someterse completamente a su agresor.


Abusador emocional


La víctima vive en un estado de estrés permanente que la bloquea y le impide reaccionar. Se cae en un círculo vicioso en el que el agresor enmascara las propias debilidades para colocarse en una posición de superioridad; cuando arremete contra su víctima, ésta reacciona con miedo, actitud que provoca de nuevo la ira del agresor.

Frecuentemente el agresor hace añicos la autoestima de su víctima en la intimidad, pero finge ser formidable frente a los demás. Esta violencia no es tangible, ni deja rastros o pruebas que puedan llevarse ante un juez. En este proceso lento y devastador, la víctima cae en un estado de depresión permanente y pierde la alegría de vivir porque está siendo destruida por otro.

El agresor necesita de alguien a quien rebajar para elevar su autoestima y adquirir poder; en el fondo, su autoestima es bajísima y tiene una gran sensación de impotencia. De ahí su enorme necesidad de admiración y aprobación, que intenta satisfacer aunque sea por la fuerza. Estamos hablando de una persona perversa que no siente compasión ni respeto por nadie, pues jamás reconoce el sufrimiento que inflige. La perversión le fascina y es incapaz de considerar a los otros como seres humanos.

El abusador emocional es alguien que no acepta la responsabilidad de sus acciones perversas. Invierte los papeles y culpa a su víctima, que tendrá que cargar completamente con la responsabilidad para luego descalificarla.

El agresor se burla ante cualquier protesta del otro y la minimiza: "Te ahogas es un vaso de agua", "Ya vas a empezar con tu drama", "No hagas una tragedia de nada", "No me vayas a hacer una escenita", "Ya quieres llorar". Convencido de que siempre tiene la razón, ridiculiza cualquier emoción expresada por el otro. La víctima suele estar tan confundida, que percibe la hostilidad pero no sabe discernir si es real o producto de su imaginación, pues duda por completo de sí misma.

El agresor no hace reproches directos, sino que va soltando insinuaciones, gestos y miradas hostiles. Si el otro le pide que aclare su intención, les responde en un tono glacial con frases como: "Todo quieres tomarlo como agresión" o "Eres paranoico".


Fuente: Lammoglia Ernesto. El amor no tiene por qué doler. Ed. Grijalbo

lunes, 13 de julio de 2009

PERFIL DE UN ABUSADOR

El perfil de un abusador es fácilmente identificable.


PERFIL DE UN ABUSADOR


El perfil de un abusador tiene características muy específicas, se podría tomar a un grupo de abusadores y en todos podríamos notar conductas muy similares.

El abusador típicamente piensa que es muy especial o necesita creerlo, siente que realmente es diferente de otra gente y que no tiene que seguir las mismas reglas que todos y todas. Pero en lugar de ser especial, el abusador tiene mucho en común el resto de los abusadores, incluyendo los diseños de pensamiento y comportamiento. Las siguientes son algunas de las características que forman parte del perfil de un abusador:

Inventando excusas. En lugar de aceptar responsabilidad por sus acciones, el abusador trata de justificar su comportamiento con excusas. Por ejemplo: "mis padres nunca me amaron" o "mis padres me pegaban", etc.

Culpando. El abusador pasa la responsabilidad de sus acciones a otros, lo que le permite enojarse con la otra persona por "causar" ese comportamiento. Por ejemplo: "si no te metieras cuando estoy disciplinando a los niños, no les pegaría".

Redefiniendo. En una variación de la táctica de culpar, el abusador redefine la situación para que el problema no esté en él sino en otros o en el mundo en general. Por ejemplo, puede llegar antes de la hora acostumbrada y comenzar a criticar las tareas realizadas o no realizadas en el hogar: "¿por qué la comida aún no está lista?, "¿por qué estás cocinando esta basura?"

Fantasías de éxito. El abusador cree que será rico, famoso o extremadamente exitoso si ella no lo estuviera deteniendo. Por lo tanto, se siente justificado para desquitarse a través del abuso. Por ejemplo: "me exiges demasiado", "te mantengo, doy dinero a la casa, ¿cómo voy a estar tranquilo o a salir de esta miseria?", "siempre me estás pidiendo más dinero".

Mintiendo. El abusador controla la situación por medio de la mentira. También puede usar la mentira para mantener a su víctima psicológicamente desequilibrada. Por ejemplo, trata de aparentar estar mintiendo cuando dice la verdad, y algunas veces se expone así mismo con una mentira obvia.

Asumiendo. El abusador a menudo asume que sabe lo que otras personas están pensando, lo que pensarían o harían en cierta situación. Esto le permite justificar su comportamiento. Por ejemplo: "sabía que te ibas a enojar porque fui a tomar una cerveza después del trabajo, así que decidí tardarme más para disfrutar mejor".

Más allá de las reglas. Generalmente el abusador cree que es mejor que los demás y no tiene que seguir las mismas reglas que la gente común.

Haciendo tontos a otros. El abusador combina tácticas para manipular a la mujer. Éstas incluyen mentir, provocar peleas entre ella y su familia, amistades, etc.; hacerse la víctima, mostrase encantador con otras personas, fingir interés o preocupación de tal forma que quienes lo ven jamás creerían que es capaz de ser violento.

Fragmentación. El abusador usualmente mantiene su comportamiento abusivo separado del resto de su vida. La separación es física, por ejemplo golpea a miembros de su casa pero no a personas fuera del hogar. La separación puede ser psicológica; por ejemplo, el abusador va a la iglesia en la mañana y golpea a su esposa en la tarde. No ve inconsistencia en su comportamiento y cree que está justificado.

Minimizando. El abusador evita la responsabilidad de sus acciones tratando que éstas aparenten no ser importantes. Por ejemplo: "no te pegué demasiado fuerte".

Ira. El abusador no está más enojado o siente más ira que otras personas. Sin embargo, él deliberadamente usa su ira para controlar las situaciones en casa y sobretodo a su pareja.

Haciéndose la víctima. El abusador cree que si no consigue lo que quiere, él es la víctima o finge estar indefenso para manipular a otros.

viernes, 26 de junio de 2009

Características comunes en los hombres agresores

Es evidente que no todos los hombres son iguales, pero sí tienden a compartir, en distintos grados, muchos elementos en torno a aspectos como la sexualidad, el uso del alcohol o el manejo de sentimientos.

El espacio emocional es menos desarrollado en el hombre, no por razones biológicas, sino porque la sociedad así lo permite. Lo ve con recelo porque las emociones le hacen sentir que va a perder el control de sí mismo y se siente vulnerable. Por tanto, las evita y reprime lo más posible.

Todo este esfuerzo es realizado con el fin de ser un "súper" hombre y demostrar que es superior. Esta idea es una construcción externa, social, impuesta.

La sociedad dice que sentir es sinónimo de debilidad y sólo interesa a las mujeres: "no chille, usted es hombre" o "aguántese como los machos". Cuando el hombre intenta llenar este molde de macho, enfoca toda su atención a las expectativas externas de ser superior a su mujer, hijos e hijas y a todas las demás personas.

Esto no quiere decir que no sienta o no tenga emociones, es sólo que prefiere no hacerles caso. La consecuencia es que la mayor parte del tiempo tiene conflictos en esta área. Pero como es de débiles sentir, entonces prefiere tratar de demostrar constantemente que no tiene miedo ni dolor, que le importa poco lo que suceda porque considera heroico y masculino sufrir sin quejarse.

Sin embargo, las emociones están presentes, y el hecho de contenerlas y no poder expresarlas como las siente es un proceso doloroso y confuso. ¿Qué hace con el amor que siente y no puede expresar porque sería mostrar su lado débil? ¿Qué hace con sus afectos si no puede mostrarlos a quienes ama o cuando un ser querido muere y él no debe llorar porque es hombre? Se siente frustrado, impotente, inquieto, se aísla de un contacto real, desarrollando una coraza que lo muestra como alguien que no siente, indiferente, que no ama.

En situaciones en las que el hombre se siente sin poder e inseguro, no expresa su ira y frustración o las enfrenta de formas convenientes a la circunstancia; sin embargo, donde sabe que no habrá dificultades o consecuencias de lo que hace (con su esposa, en el ámbito familiar, con su pareja) puede llegar a mostrarse violento y prepotente. Es así como suple una carencia personal con abuso de poder sobre otra persona. En general hay muy pocas consecuencias sociales negativas para esta conducta, por lo que se siente seguro repitiéndola una y otra vez. Es importante ver que éste es un conflicto interno y por tanto la pareja no tiene como influir en el cambio de esa actitud.

Los hombres no están locos ni fuera de sí cuando llevan a cabo un acto violento. Si realmente se lo proponen, los agresores pueden cambiar, pueden aprender a contactar sus emociones y necesidades, a relajarse, manejar y controlar su cólera, cuestionar sus afirmaciones, a aceptar sus fallos y no culpar a otras personas. Pero todo esto requiere un esfuerzo por lo que muchos hombres deciden no cambiar y seguir negando la agresión, la cual, dicho sea de paso, está bien apoyada por muchos sectores sociales.

Se puede establecer una combinación de características comunes que están asociadas de forma más o menos constante con el maltratador doméstico. Se podría afirmar que los hombres que en su infancia hayan sido testigos de experiencias de maltrato, que no están trabajando, que tengan rasgos de personalidad antisocial y depresiva, que abusen del alcohol y/o de las drogas tienen una probabilidad mayor de ejercer maltrato contra su pareja.

La combinación de un estatus ocupacional bajo y el abuso del alcohol aumenta en ocho veces la probabilidad de aparición de conductas violentas. Sin embargo, éstos sólo son indicadores, variables que en ocasiones están presentes, no son la causa de la violencia ni es necesario que forzosamente estén para que se dé el acto violento.
Dentro de la población de maltratadores se han podido identificar dos tipos principales de agresores, los dominantes y los dependientes. Los maltratadores dominantes muestran, con mayor frecuencia, rasgos de personalidad antisocial, y son los que ejercen las conductas más violentas tanto dentro como fuera del hogar. Por otra parte, los maltratadores dependientes tienden a ser depresivos y celosos y ejercen la violencia únicamente en el ámbito doméstico.

Los datos escogidos de entrevistas clínicas ponen de manifiesto que en la mayoría de los casos de maltrato doméstico las primeras agresiones físicas empiezan durante el período de noviazgo o al principio del matrimonio. Una vez que ha surgido el primer episodio de maltrato, y a pesar de las muestras de arrepentimiento, la probabilidad de nuevos episodios (y por motivos cada vez más insignificantes) es mucho mayor. Muchos maltratadores pueden permanecer por tiempo indefinido agrediendo psicológicamente a sus víctimas, en otros casos el maltrato psicológico va en aumento, sumándose a estos actos la violencia física.

miércoles, 3 de junio de 2009

CARTA A UN MALTRATADOR

La siguiente es la carta a un maltratador.


CARTA A UN MALTRATADOR


"Carta a un maltratador" es un concurso que se lleva a cabo desde el año pasado, promovido por la asociación "Juntos contra la violencia doméstica".

Como su nombre lo dice, la idea es que las personas escriban una carta a un maltratador, expresando todo lo que quisieran decirle a los hombres maltratadores.

Este año, el ganador del concurso "Carta a un maltratador" fue el Joven Fernando Orden. A continuación transcribimos su carta premiada:

"Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado… porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras… Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu 'método de disciplina' intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?


Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe… La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.

Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.

Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!–dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.

Me puse contento antes de tiempo.

Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez…

Y sucedió.

Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.

Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.

Y ahora me dirijo a tí. Esta carta es para tí, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.

Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón".

Fernando Orden Rueda
2º de Bachillerato, de Ciencias de la Salud. IES Bioclimático, de Badajoz. II Premio del II Concurso Nacional 'Carta a un maltratador', convocado por la Asociación 'Juntos contra la violencia doméstica'

jueves, 15 de enero de 2009

PERFIL DE UN MALTRATADOR

El perfil de un maltratador se establece mediante actitudes y conductas que hacen daño a los demás: su familia, amigos, conocidos.

PERFIL DE UN MALTRATADOR

El perfil de un maltratador incluye las siguientes conductas:

-Usa la violencia para someter a sus víctimas.

-Suelen elegir como pareja a mujeres mucho más jóvenes que ellos, porque así les es más fácil imponerse.

-Pese a lo que muchos piensan, un maltratador NO es un enfermo mental. Al contrario, el maltratador está perfectamente consciente de sus acciones y cree que tiene derecho a hacerlas.

-Cuando se trata de violencia física el maltratador nunca elige un lugar público ni lo hace frente a familiares o amigos.

-Posee ideología sexista: Un maltratador cree firmemente que las mujeres están para servir a los hombres.

-Trata de reafirmarse a costa de señalar los errores de los demás o burlarse de ellos.

-Aísla socialmente a sus víctimas para volverlas dependientes a él: Le prohíbe reuniones con amigos(as), familiares y conocidos, le prohíbe trabajar, le deja de dar dinero para que no pueda salir.

-Descalifica constantemente.

-Siempre culpa a los demás por sus acciones: ella me provocó, si él hubiera hecho lo que le dije no le habría gritado.

-Justifica su conducta y la minimiza: No lo la empujé tan fuerte, fue sólo una leve cachetada.

-Atribuye el problema a la propia conducta de la víctima, a la familia, el trabajo, la situación socioeconómica: "Estoy muy estresado, por eso te grito en ocasiones".

-Suele ser una persona muy amable cuando están con familiares o amigos, pero en privado grita, golpea y somete. Fuera de casa puede ser educado, alegre, amable, seductor, solidario, atento, respetuoso.

-Manipula a la compañera ejerciendo el control sobre los bienes materiales.

-En caso de separación utiliza las visitas a sus hijos para acercarse a la madre y seguirla maltratando.

-En relaciones de noviazgo, si la víctima quiere terminar la relación el maltratador siempre pedirá una segunda oportunidad haciendo toda clase de promesas con tal de retener a la pareja a su lado: "Te prometo que cambiaré", "trataré de ser menos celoso", "haré lo que tú quieras".

-Es celoso y siempre quiere controlar a su pareja: saber en dónde está, con quien.

-Repetirá su conducta violenta en las sucesivas relaciones que mantenga con otras mujeres.


Estrategias defensivas de un maltratador

Las estrategias defensivas utilizadas por el maltratador consiguen un resultado excelente al trasladar la responsabilidad de la agresión a la víctima. Cuando sucede una agresión, el maltratador suele afirmar que su víctima miente, que está loca o que le provocó:

-Fundamentan
-Racionaliza los ataques de forma que parezca que está bien lo que hizo.
-Minimizan

Resta importancia a la agresión para conseguir distanciarse del daño causado, argumentando que éste no ha sido tan grave: "no le pegué, sólo la empujé".

-Desvían el problema

Suele achacar su comportamiento a la falta de trabajo, el exceso en los gastos, a sus problemas con el alcohol, etc. Con este mecanismo trasladan la responsabilidad a cuestiones ajenas a sí mismos.

-Olvidan

Asegura que no recuerdan, que no son conscientes de lo que se les recrimina. Niegan abiertamente los ataques utilizando como defensa este mecanismo para restar credibilidad al relato de la víctima.

-Racionalizan

Explica coherentemente conductas y hechos. Explican los sucesos de tal manera que hacen parecer muy lógica su reacción: "La golpeé porque me fue infiel".

-Proyectan

Atribuye a la víctima la responsabilidad de las conductas violentas.


¿Conoces a un maltratador?

No dejes que controle tu vida ni te haga sentir culpable. Busca ayuda, recuerda que no estás sola.