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lunes, 17 de junio de 2019

Qué hacer cuando a tu hijo lo acosa su ex

Cuando se rompe una situación de pareja, las reacciones de ambos son diversas; pero algunas personas pueden llegar a acosar a su ex después de un rompimiento ¿Qué hacer en esos casos?

Si no quieren hablar contigo, aléjate.


La violencia se puede insertar en el noviazgo de forma diferente en hombres y mujeres.

En los hombres es muy frecuente la idea de que la mujer "es suya", de manera que si un adolescente o adulto se enfrenta al abandono de su pareja, puede ser muy difícil de asumir. Dado que no pueden renunciar a "lo suyo", hacen todo lo que consideran legítimo para "recuperar" a la pareja: hablarle todos los días, visitar en su trabajo o domicilio, dejarle notas, escribirle correos electrónicos todos los días, seguirla para saber en dónde está, dejarle mensajes, etc.

El problema es que todo esto es indeseado por ella, es acoso y muchas veces, al ver que los intentos no fructifican se llega a amenazar a la muchacha y, en no pocas ocasiones, la mujer es asesinada.

En el caso de las mujeres, la mayoría de los casos de violencia no proviene de una idea de posesión, sino del miedo a "estar sola". Desde niñas nos enseñan que tener la validación de un hombre es lo que nos hará buenas y bellas, de manera que tener pareja se convierte en algo prioritario. Por ello, muchas chicas no saben como reaccionar ante un rompimiento y pueden caer en el acoso: dejar mensajes en redes sociales, llamadas diarias, mensajes, cartas, etc.

Igualmente son conductas no solicitadas por la ex pareja. Muchas chicas llegan incluso al nivel de amenazar a la nueva pareja de su ex o amenazar con suicidarse. Generalmente los chicos no ven amenazada su integridad física, pero sí la mental, al sentirse abrumados por el acoso y no poder llevar una vida tranquila.

Cuando se trata de adolescentes o jóvenes adultos, muchos padres sienten la preocupación de actuar.

¿Pueden hacer algo?

¿Qué pueden hacer cuando uno de sus hijos o hijas es acosado por su ex?

Primero que nada, no perder la calma. Quizá los padres no puedan intervenir directamente en las cuestiones de pareja de sus hijos; pero, siendo conscientes de los peligros que implica el acoso, pueden tomar ciertas precauciones:

-Si el hijo o hija viven en casa, los padres pueden contestar el teléfono fijo por ellos. Es útil contar con identificador de llamadas. A veces se tiene que cambiar el número.

-Enseñar a los hijos a no responder números desconocidos. Muchas veces el acosador llama desde teléfonos que no son suyos con tal de lograr éxito en que le contesten la llamada.

-El acoso es un delito, por lo que se puede acompañar al hijo o hija y levantar una carpeta de investigación.

-Los hijos nunca deben reunirse a solas con el acosador, bajo ninguna circunstancia; si deciden hacerlo, por la razón que sea, los padres deberán acompañarles para intervenir en caso necesario.

-Avisar a todos los amigos y familiares de la situación. Los acosadores recurren a personas cercanas de la ex pareja para buscar información, contacto u hostigamiento.

-Si se asiste a la misma escuela, recomendar que el hijo o hija siempre se encuentre con amistades y nuca se quede a solas. Explicar a los maestros lo que está sucediendo, para que puedan mantener alejada a la persona acosadora.


Estas son algunas medidas. Nunca hay que minimizar los alcances de una persona acosadora. Al no contar con límites y creer que tienen derecho a esas acciones, la violencia puede llegar a niveles muy graves.

viernes, 30 de agosto de 2013

PUEDO CAMBIAR

Cuántas veces hemos escuchado la frase "puedo cambiar" en medio de un rompimiento.


PUEDO CAMBIAR


"Puedo cambiar" generalmente es una frase manipuladora, implica que la persona agresora es perfectamente consciente de todos los males que ejerce en contra de su pareja y aún así lo sigue haciendo, a pesar de que sabe que su contraparte sufre.

La frase "puedo cambiar" (o similares como "te juro que cambiaré", "seré otro/a", "por ti yo sí cambiaría", etc.) surge generalmente cuando uno de los miembros de la pareja se da cuenta de que la otra parte lo manipula, chantajea, grita, controla, o presenta algún otro comportamiento agresivo que pudiera empeorar en el futuro, y entonces decide terminar la relación. Es entonces, ante la amenaza de perder a la pareja, que el miembro agresor hace hasta lo imposible para evitar el abandono: ruega y promete cambiar por el bien de la relación. Y es entonces, cuando la persona agredida puede conmoverse y decidir continuar con una segunda (que a veces se convierte en tercera o cuarta) oportunidad.

En estas situaciones, ese "puedo cambiar" es el equivalente al "lo siento" de un niño que se disculpa sólo para evitar el regaño de sus padres y no porque realmente entienda que está haciendo algo incorrecto.

Aquí la cosa es, cuando sabemos que algo anda mal con nosotros porque nos daña o daña a los demás, tratamos de cambiarlo: pedimos ayuda, vamos a terapia, solicitamos consejos. Todo esto para mejorar nuestra relación los demás.

Pero cuando una persona utiliza la frase "puedo cambiar" sólo para evitar una ruptura, no lo está haciendo porque realmente crea que hay algo mal en ella misma, sino porque espera que con eso el otro cambie de opinión. Dice eso para manipular la conducta de la pareja y no para expresar una verdadera intención de cambio.

Y las cosas quizá "cambien" durante un tiempo. Lo cierto es que no es un cambio real, se trata sólo de atenciones especiales y momentáneas en un intento de conservar a la pareja; pero una vez que pasa la crisis, el agresor vuelve a actuar como siempre lo hace, pues para él así es como se debe actuar.

Por eso es muy común escuchar de historias en donde alguien utiliza el "puedo cambiar" y durante unas semanas se convierte en el galante ejemplar: flores, regalos, cenas románticas, comidas especiales. Y al cabo de un tiempo vuelve a gritar o chantajear, y culpar a la pareja de sus propios desplantes.

¿Y qué pasa cuándo en medio de la discusión se decide no hacer caso a ese "puedo cambiar" y terminar la relación? Es ahí cuando realmente puedes ver las verdaderas intenciones de cambio, pues generalmente la reacción es de odio e ira, gritos, acusaciones, etc.

Moraleja: Si decides terminar una relación porque te sientes incómoda con la conducta de tu pareja, recuerda que la frase "puedo cambiar" no va a borrar automáticamente todo su historial de meses de abuso y, lo que es peor, le dará la oportunidad de incrementar sus maltratos.

martes, 6 de agosto de 2013

LA HISTORIA DE LISA

Este es el testimonio de Lisa, quien a los 15 años se casó con un muchacho mayor que ella y terminó viviendo una vida de maltratos. Desafortunadamente a la fecha continúa en esa relación, pero envía su historia como advertencia para aquellas jóvenes que estén en situaciones similares:


LA HISTORIA DE LISA


"Yo tenía 15 años cuando esas vacaciones vino mi prima de visita junto con un amigo suyo llamado Carlos que tenía 23. Los dos estuvieron en la ciudad una semana, ella se quedaba en mi casa y él nos visitaba todos los días.

Él venía de Córdoba,Veracruz, me contaba de lo hermoso que era la ciudad y de los lugares que visitaba. Esa semana nos enamoramos y entonces me propuso ir de visita a su casa para que yo pudiera conocer el estado. Así que, cuando mi prima regresó a su casa, yo me fui con Carlos sin el permiso de mis papás.

A los pocos días mi madre me localizó gracias a mi prima, me llamó por teléfono a casa de Carlos. Estaba muy enojada y amenazó con ir a buscarme para que regresara a la casa. Entonces Carlos me dijo que, como él era mayor de edad, si mi mamá lo encontraba seguro lo iba a denunciar por tener una relación con una menor y podía incluso acabar en la cárcel. Él habló conmigo: 'Mira, yo no te traje a la fuerza, tú quisiste venir, y ahora por eso yo voy a tener problemas, mejor habla con tu mamá y dile que tú y yo nos vamos a casar, y así no va a pasar nada'.

Así que hablé con mi madre, le dije que Carlos y yo nos casaríamos y que si ella venía sólo haría el ridículo porque estando casada con él no podría llevarme a ningún lado. Se enojó tanto, que ya nunca más volví a saber de ella ni de mi familia durante varios años.

Entonces me casé con Carlos, y al poco tiempo empezaron mal las cosas. Él quería que yo le planchara, le hiciera la comida, le lavara la ropa, y yo jamás había hecho nada de eso, se enojaba porque me quedaban mal las cosas y entonces me gritaba y me pegaba. Luego muchas veces se iba de viaje por el trabajo, y pasaba mucho tiempo fuera de casa sin que yo supiera si estaba bien o no. Yo pasaba mucho tiempo sola y me sentía muy mal, pero ya no tenía casa a donde volver así que me quedé.

A los meses de casados me quedé embarazada, tuvimos tres hijos, y por la exigencia del hogar ya no pude seguir con mis estudios, mientras las golpizas seguían y cada vez eran peores. Al año de estar juntos me enteré que él andaba con otra mujer, y durante los siguientes años me fue infiel muchas veces, con una de la mujeres llegó a tener un hijo. Llegó a tanto esa situación, que la mujer me hablaba a la casa diciéndome que yo me tenía que salir para que ella pudiera vivir con mi marido como debía de ser, y cuando yo le reclamaba a él entonces me gritaba y me daba de golpes.

Hace varios años que nos mudamos a México para tener más dinero, llevamos 25 años juntos. Todavía se enoja, me grita mucho, me pega y me es infiel".

viernes, 26 de julio de 2013

SEÑALES DE VIOLENCIA

La mayor de las relaciones violentas muestra claras señales de violencia al poco tiempo de haber comenzado la relación.


SEÑALES DE VIOLENCIA


Si tienes dudas acerca de tu relación de pareja, las siguientes señales de violencia te pueden servir de guía para medir la gravedad de la situación:


a) Tu pareja se adjudica el derecho a controlar la forma en la que vives y lo que haces.

b) Para "hacer feliz" feliz a tu pareja tienes que renunciar a ver personas o realizar actividades que eran importantes en tu vida.

c) Tu pareja desvaloriza tus opiniones, sentimientos y/o logros.

d) Cuando haces algo que a tu pareja le disgusta se enoja y comienza a vociferar, manotear, amenazar o "castiga" con un silencio colérico.

e) Sientes que debes "tentar el terreno" y ensayar lo que dirás, o de lo contrario tu pareja se enfadará.

f) Te confunde la conducta de tu pareja: en ocasiones puede ser una persona tierna y amable, y al momento siguiente entrar en furia sin saber cómo prevenir esas reacciones.

g) Estar con tu pareja te hace sentir muchas veces fuera de lugar y con la sensación de desorientación.

h) Tu pareja es sumamente celosa y posesiva.

i) Tu pareja te culpa de todo lo que funciona mal en la relación.


Sin lugar a dudas, si tu pareja presenta esta señales de violencia, entonces está tratando de controlar por completo la relación y puede llegar a niveles peligrosos para tu salud y seguridad.

Resulta curioso además, que muchas de estas señales de violencia suelen pasar desapercibidas para el propio maltratador, quien puede llegar a reconocer esa conducta en otras personas, pero justificar su mismo comportamiento.

jueves, 11 de julio de 2013

NO SUFRAS POR AMOR

Cuando pasas por alguna pelea con tu pareja, siempre hay gente bien intencionada que te dice que no sufras por amor, y claro, es una sugerencia muy razonable.


NO SUFRAS POR AMOR


"No sufras por amor" te dicen, porque todos sabemos que el amor es lindo, lleno de cosas bellas, armonía y pajaritos volando.

Pero como no sufrir por amor cuando estamos rodeados de mensajes que nos dicen que para tener amor hay que sufrir.

Desde los culebrones de la televisión hasta la literatura clásica, historias como Romeo y Julieta, o la pobre Sofía en Hamlet, todos contienen personajes en donde, antes de llegar al estado de felicidad ideal, las parejas tienen que pasar por un sin fin de obstáculos, pesares, pérdidas y sufrimiento.

Incluso en nuestra propia familia escuchamos frases como "el matrimonio es sacrificio" o "es normal que las parejas peleen".

En las telenovelas por ejemplo, en todos los personajes siempre hay un común denominador: el sufrimiento. Si se ama es implícito sufrir, los protagonistas siempre son personas distantes, aisladas entre sí, de diferentes niveles socioeconómicos, que deben sortear una gran cantidad de obstáculos para estar juntos y que, finalmente, tenían que vivir o sobrevivir a los triángulos o cuadrángulos amorosos, a los conflictos, las distancias, la lejanía, las persecusiones, la pobreza.

Parecería que en estos relatos no puede existir una historia de amor entre dos personas que se simplemente se quieran, se respeten y les vaya bien. No, parece ser que la consigna es: "Para amar, hay que sufrir".

Particularmente en la cultura mexicana, el sufrimiento por amor está muy arraigado en el pensamiento romántico de la población, a la que en general le parece normal que una pareja pelee, se grite, insulte o empuje, que haya celos y "escenas", que se separen y dejen de hablar, y que después de todo se vuelvan a reconciliar.

Irónicamente, estos ciclos de sufrimiento no son lo que la gente realmente quiere para sus vidas, nadie se empareja para sufrir; pero tampoco nadie les enseña cómo es una relación sin sufrimiento. Al contrario, cuando se presenta el primer grito o el primer empujón, muchos reciben comentarios en el sentido de que es normal que "a veces" pase, y de repente ese "a veces" se convierte en "casi siempre".

Cuando las parejas se dan cuenta de que su relación es un infierno, es porque ya han pasado por una buena dosis de sufrimiento, y eso por supuesto no los lleva a "ser felices por siempre" como en la televisión o las películas.

Aunque las parejas no desean realmente sufrir por amor, sí se compran la historia de que si superan todos los problemas unidos, serán felices. Y sí, es verdad que cada pareja pasa por momento difíciles en ocasiones; pero eso no implica que esos momentos difíciles contengan burlas, golpes, celos o descalificaciones.

Una relación de pareja claro que requiere trabajo, pero es eso: TRABAJO, y no sacrificio. Significa que la relación hay que construirla, saber que se quiere y hacia donde llegar, no que tengas que sacrificar tu personalidad, tu felicidad, tu autoestima, tu vida, para complacer a la otra persona.

Que no hay parejas perfectas, claro que no las hay, y particularmente en nuestra sociedad; pero si estamos conscientes de todos estos mitos que nos llevan a sufrir por amor, entonces podemos trabajar más para NO seguirlos reproduciendo en nuestras relaciones. ¿Y cómo se hace eso? Leyendo, informándote, acudiendo a talleres, analizando tu propia relación e identificando acciones violentas: ¿le grité? ¿me molesté por su forma de vestir? ¿lo a la callé en una conversación de amigos?

No es un trabajo fácil pero es posible, y si lo llevas a cabo te darás cuenta de que no es necesario sufrir para alcanzar el cielo, y entonces sí podrás hacer caso plenamente del consejo:

NO SUFRAS POR AMOR

jueves, 4 de julio de 2013

VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA

Muchas veces nos preguntamos cómo inicia la violencia contra la pareja, sobre cuando después de muchos años de relación (incluso antes) se llega a niveles amenazantes.


VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA


La violencia contra la pareja se inicia desde momentos tempranos de la relación, en la mayoría de casos atendidos (de los cuales el 90% de víctimas son mujeres) la violencia inicia desde el noviazgo y se manifiesta de formas diversas como jaloneos, movimientos para detener, sujetar y controlar.

Todos hemos visto la siguiente escena: Un chico que rodea a una chica y la empuja contra una pared, un árbol o cualquier otra superficie. No le damos importancia, creemos que siendo novios es normal ese trato aunque veamos que la chica se siente un poco incómoda o nerviosa. Lo cierto es que es una técnica de sujeción, así ella no puede moverse y él tiene el control, y los dos creen que es una acción sin importancia.

Y quizá sería una acción sin importancia si esa actitud sólo quedara ahí, pero muchas veces la violencia avanza a otro tipo de conductas que buscan tener más control sobre la pareja: protestan por el peinado o la ropa que ella usa, utiliza frases como "no te dejo salir" o arman escenas de celos. La violencia tiende a subir de tono.

La violencia contra la pareja se empieza a manifestar entonces en forma de aislamiento, el agresor no le permite ver a sus amistades o a su familia, y la víctima hace todo lo que su agresor le dice pensando que así evitará más conflictos; pero esto no es cierto, haga lo que haga ella, él buscará la forma de empezar las discusiones.

Por lo general ella mantiene todo en secreto, no les dice lo que le está pasando a sus amistades ni familiares, ya sea por vergüenza o para evitar conflictos.

El aislamiento es el meollo de la violencia contra la pareja y el paso en el que se empieza a ejercer el control. Este dominio va aumentando. Después, a través de golpes, con marcas, pretende el agresor demostrar que la mujer es de su "propiedad".

Al inicio los agresores utilizan frases para descalificar a la mujer: "inútil", "tonta", "no entiendes", "no sirves como mujer". Así ellas van perdiendo la autoestima.

Estas mujeres no tienen una expectativa realista de la situación y van cayendo en un estado de indefensión. El agresor no es un golpeador todo el tiempo, hay cambios bruscos en donde se arrepiente, pide perdón y da un trato afectuoso. Muchos de ellos son "encantadores" en esta etapa y hacen pensar a la víctima que todo puede cambiar. Se da así un círculo llamado fase de tensión-maltrato-reconciliación.

Es importante aclarar que a las mujeres no les gusta que las maltraten, es un proceso donde confunden las agresiones con el amor y ellos son sinceros cuando dicen que las quieren pero no es una patología ni una enfermedad, es una cuestión educativa y esto es lo más grave.

La violencia contra la pareja, es definitivamente una conducta aprendida a lo largo de toda nuestra vida. No sólo las mujeres requieren atención cuando pasan por esta situación, también los agresores la requieren para "re-aprender" nuevas formas de relacionarse, aunque para esto tienen que empezar por reconocer que su forma de actuar no está bien, y es que muchos sienten que está justificado cada golpe o grito que dan.

A los agresores desde pequeños los hacen sentirse responsables de los demás, guardianes de los problemas que van ocurriendo, les fomentan una supremacía masculina relacionada con la propiedad. Es así por ejemplo, cuando el padre sale de viaje y le dice al hijo, sin importar que sólo sea un niño, que ahora tendrá que cuidar de mamá (que es un adulto) porque él es "el hombre de la casa" mientras papá está afuera.

Con el tiempo los hombres van aprendiendo que sus hijas y sus esposas son suyas, como en la Roma Antigua, piensan que si quieren las pueden hipotecar por decirlo de alguna manera. Se sienten responsables por ellas y sus acciones, y con derecho a "corregirlas", a callarlas si creen que lo que dicen es incorrecto, a gritarles si hicieron algo en lo que no están de acuerdo.

Por otro lado, no sólo la educación de los hombres fomenta la violencia contra la pareja, también la educación que reciben las mujeres, quienes a lo largo de su vida aprenden a callar para no provocar más conflictos, a no enfrentar a quienes opinan diferente de ellas porque siempre tienen que ser agradables y corteses, se acostumbran a que su opinión no tiene la misma validez cuando están entre un grupo de hombres o a que ellos siempre deben tener la razón.

Cuando un hombre y una mujer tienen este tipo de educación tan arraigada, indudablemente tendrán diversos niveles de violencia en sus relaciones de pareja.

Cabe destacar que toda esta descripción se ha obtenido de los cientos de casos que reciben diariamente las instituciones encargadas de resolver denuncias por maltrato familiar. No es en ningún caso una historia anecdótica, sino el reflejo de una realidad constante que se ha pasado de generación en generación.

miércoles, 26 de junio de 2013

PLEITO DE PAREJA

Hace un par de noches escuchamos lo que al principio creíamos que era un pleito de pareja. Se escuchaba a una mujer gritar en tono enfadado a lo lejos, y entre las frases que mencionó estuvieron las exclamaciones ¡Maldito! ¡Golpeador de mujeres! ¡Cobarde!


PLEITO DE PAREJA


En más de una ocasión me ha tocado presenciar un pleito de pareja, y en ocasiones es difícil saber si es correcto intervenir o si de plano es necesario pedir ayuda. En esta ocasión no supimos qué hacer, pues el pleito se escuchaba lejos, tampoco se oía como si le estuvieran haciendo algo a la mujer, sonaba de hecho como si un hombre le hubiera hecho "algo" a ella o bien a otra mujer que conocieran.

El escándalo duró menos de dos minutos, cuando asomamos la cabeza por la venta no se veía nada.

¿Es correcto intervenir en un pleito de pareja?


Es difícil contestar esa pregunta porque socialmente nos han enseñado que los pleitos de pareja son una "cosa privada", una "cosa de dos". Incluso ha habido casos, en donde al intervenir en un pleito en donde claramente se está maltratando a una mujer, ella prefiere no mencionar nada o peor, enojarse por nuestra intervención.

De ahí que en muchas ocasiones no sepamos cómo reaccionar. A mi me ha pasado muchísimas veces. Una de tantas ocurrió cuando yo tenía 11 años, se escuchaba afuera cómo una chica lloraba y gritaba, me asomé por la ventana como la niña curiosa que era: Se trataba de una muchacha rogándole de rodillas al que aparentemente era su novio, que por favor no la dejara. Era una pareja joven, ella tendría 18 años máximo, la chica se pescó de la pierna del joven y él comenzó a patearla.

Yo no sabía qué hacer (con 11 años mucho menos), sólo atiné a quedarme pasmada frente a la ventana sin poder decir una sola palabra, no entendía lo que estaba pasando y me preguntaba por qué aquel chico hacía eso y por qué ella no se alejaba de ahí.

Cuando mi papá me vio ahí parada estupefacta, me preguntó que estaba pasando. Cuando le conté se enojó mucho conmigo, me regañó por no avisar y salió corriendo para tratar de ayudar a la chica. Para cuando llegó, el chico ya se había ido y la chica seguía llorando en el suelo. Esa ha sido de las pocas "grandes" peleas de pareja que visto en la vía pública, y me impresionó mucho.

Otras que he visto no han sido "tan" notorias, tan no lo eran que nadie pestañeaba siquiera, como aquella ocasión en donde una chica quería alejarse de un hombre que la perseguía y quería forzosamente hablar con ella. La joven trató de acelerar el paso y entonces él se interpuso frente a ella sujetándola de los brazos, estaban dentro de una estación del metro, había un policía y mucha gente. Nadie hizo nada. Ella forcejeó, logró zafarse y corrió hacia los torniquetes rumbo al vagón que salía en ese momento.

En otra ocasión vi una escena similar en un paso a desnivel, la mujer no corrió con tanta suerte, él la acorraló entre su cuerpo y la pared para forzarla a continuar con una conversación que evidentemente le desagradaba. Tampoco nadie intervino.

Por alguna razón, cuando no se ven golpes, cualquier situación pública en donde una mujer esté siendo acosada por un hombre que conoce, se asume como un "pleito de pareja" que debe ser resuelto entre ellos y que no amerita una intervención pública.

No sé a ciencia cierta si uno debe intervenir o no, pero estoy segura de que en el caso de las dos chicas acosadas ellas lo hubieran agradecido, así como agradecí yo a una de mis maestras de secundaria cuando un muchacho de la escuela comenzó a perseguirme para obligarme a hablar con él. El chico quería que yo fuera su novia, yo le dije que no y al no aceptarlo comenzó a seguirme todos los días en la escuela y llamar a mi casa. Ese día decidió "acompañarme" a casa, le dije que me dejara en paz y salí corriendo, afortunadamente la maestra vio toda la escena y lo sujetó del brazo mientras yo corría.

Si se hubiera tratado de personas adultas, muy probablemente ella no hubiera hecho nada, incluso aunque lo hubiera hecho, seguramente se hubiera expuesto a los gritos del hombre si no es que a más. Quizá esa sea la razón por la que nadie "se mete", para no tener problemas, y nos olvidamos de ayudar. Sobretodo si es una mujer la que interviene tratando de ayudar a otra, se le cataloga como "vieja metiche".

Y si intervenir en un pleito de pareja en la vía pública es difícil, hacerlo en una discusión de casa ajena se vuelve misión imposible. Le tocó a una amiga, ella y su esposo escucharon como en un departamento vecino un hombre agredía a su esposa. Llamaron a una patrulla, y la policía les dijo que no podían intervenir porque era propiedad privada y debía haber una denuncia por parte de alguien que viviera ahí.

Quizá no todas las situaciones de pleitos de pareja ameriten una intervención policíaca, pero sí deberíamos ser al menos más solidarios con las víctimas de violencia de pareja cuando vemos esa clase de situaciones, particularmente cuando una de las partes está claramente tratando de alejarse del agresor.

Sí es posible que una pareja discutiendo no desee nuestra ayuda, pero seguramente sí la desearán si vemos que alguien trata de escapar de una situación nada agradable. Cuando veamos un "pleito de pareja" en donde ella huye tratando de protegerse, esa es definitivamente un escenario en el que debemos intervenir y si es posible con alguien a nuestro lado mejor.

lunes, 10 de junio de 2013

HISTORIA DE VALERIA

Esta es la historia de Valeria.


HISTORIA DE VALERIA


Valeria es una joven de apenas 18 años y muy valiente, ella nos manda su historia:

"Estuve en esa relación 1 año, siete meses. Al principio él era increíble: el novio más amoroso, tierno, atento. Los primeros cinco meses fueron los más maravillosos y comencé a hacerme ilusiones: con este sí me voy a quedar, con este me voy a casar.

Nos fuimos a vivir juntos, era casa de su mamá y su tía. Entonces comenzó a celarme y a controlar todo lo que hacía, me decía como vestir e incluso llegó a tirar toda mi ropa diciendo que me compraría ropa nueva lo cual nunca sucedió. Decía que me vestía como señora, que debería vestirme más juvenil, nunca le gustó como era yo.

Luego, su tía me obligó a trabajar para que pagara los gastos porque 'yo no estaba de visita', además me obligaban a plancharle y lavarle la ropa a él y me regañaban constantemente porque no lo hacía como ellas (la tía y la mamá) querían. También tenía que hacer la limpieza de la casa y otros deberes.

Él estaba muy apegado a su madre, por lo que yo no podía quejarme de esas exigencias sin que él se enojara conmigo y me gritara.

Dejé de hablarle a mis amigos y amigas e incluso hizo que me alejara de mi propia familia, de mi madre. Yo no les contaba nada de lo que estaba pasando, comencé a tener depresión y llegué a tener intentos de suicidio.

Finalmente decidí hablar con mi familia de la horrible situación y al día siguiente estaba de regreso en casa de mi madre, a los pocos días mi tía me llevó a terapia. Ahora todo lo que quiero es dejar de sentir tanto dolor y miedo, mi familia me está apoyando".

lunes, 25 de marzo de 2013

CORTAR A TU NOVIO

Cortar a tu novio nunca es fácil, pero cuando se trata de una relación violenta es necesario hacerlo lo antes posible, ya que la violencia es progresiva y nunca sabes hasta qué niveles puede llegar.

CORTAR A TU NOVIO


Aún así, incluso sabiendo que esa persona nos está haciendo daño, los sentimientos pueden hacernos dudar de si cortar con ese novio es lo indicado. Nos asaltan las dudas: quizás él pueda cambiar, quizás si hablo con él, quizás si ya no lo hago enojar, es que todavía lo quiero. O bien, salen a relucir las frases trilladas que la cultura del amor romántico nos ha inculcado: Sin él no puedo vivir, sin él me muero, por amor se soporta todo, cuando amas a alguien no lo abandonas.

Y si bien es cierto que una relación requiere de apoyo, comprensión y tolerancia, esto no implica que tengas que sacrificar todo por amor, especialmente cuando hablamos de tu libertad y respeto, del derecho que tienes a vestir como quieras, tener amistades, y hacer tu vida como mejor te convenga.

Precisamente una chica nos pide ayuda sobre cómo cortar con un novio violento, la consulta es la siguiente:

"Actualmente vivo una relación de noviazgo de 2 años y medio, mi novio me controla, me dice qué hacer, cómo vestirme, incluso se enoja si me pongo un pantalón pegado o una blusa escotada. Él dice que lo hace por mi bien, me ha prohibido amistades, hizo que le dejara de hablar a mi mejor amiga porque la tachaba de lo peor, me ha empujado cuando está sumamente molesto, me ha insultado con palabras muy ofensivas.

No sé qué hacer, no puedo dejarlo, siento que lo amo y que sin él no soy nada. ¿Cómo termino esta relación?".

Primero que nada hay que entender el problema, en toda relación hay momentos bonitos y especiales que nos generan apego y ganas de continuar. Particularmente los maltratadores se esmeran en extremo en propiciar situaciones agradables, al menos al principio tratarán de hacer que su pareja se sienta especial, que se trata de la única persona en el mundo que sabe comprender y en quien se puede confiar, y muchas veces suelen recitar historias trágicas en donde ya antes han sido traicionados y abandonados pero que ahora han encontrado por fin el amor verdadero.

¿Qué pasa cuando un novio le cuenta la trágica historia de su vida a su pareja y le hace sentir a ella que se trata de un secreto que a nadie más le ha contado? Pues que ella siente lástima, y muchas se dice así misma: "Pobre chico, yo jamás lo dejaré porque yo sí lo amo y no lo haré sufrir de esa manera".

Y si una chica comienza a generar esas ideas, queda inmediatamente enganchada a su futuro maltratador. Luego entonces él comienza a exigir que demuestre ese amor desinteresado, y una forma de hacerlo es accediendo a todas sus peticiones bajo el chantaje de que si no lo hace es porque no lo quiere. Y ahí está la chica vistiéndose como a él le gusta, dejando de hablarle a las amigas y la familia, teniendo relaciones sexuales aunque ella no tenga ganas, haciendo hasta lo imposible por complacerlo. El resultado es que la mujer se aísla, ya no tiene a quien contarle lo mal que la está pasando con este chico, y además pierde su personalidad, ya no sabe quien es porque se mira a través de los ojos de ese chico que la obligado a sentir que sin él no es nada.

Es importante entender estas dos cosas:

1. Aunque nos hayan enseñado lo contrario, sí podemos vivir sin pareja. No nos morimos ni entramos en depresión crónica por no tener novio.

2. El maltratador es el que siembra en ti la idea de que sin él no puedes vivir. A él le conviene que no lo dejes, así tiene a su disposición a una esclava las 24 horas, una chica que lo complace en todo y que en el futuro se hará cargo de sus necesidades: mantener la casa limpia, la comida preparada, y sexo cuando quiera. Pero tú te mereces a alguien que quiera construir una relación CONTIGO (así tal cual eres) y NO a COSTA DE TI (pidiendo que sacrifiques tu personalidad y vida para darle gusto).

Sí puedes vivir sin él, lo puedes dejar y no vas a morir por eso... a menos que él intente matarte. Sabemos que muchos novios controladores se vuelven acosadores, amenazan a sus ex y muchas veces llegan a cumplir sus deseos de venganza ('si no es mía no será de nadie'), este es el peligro real del que te tienes que cuidar.

Ahora bien ¿Qué hacer para acabar con la relación? Primero que nada tomar la decisión, y deshacerte de la fantasía de que él cambiará algún día. Ten la seguridad de que no lo hará, pero aún cuando en un futuro remoto lo haga (considerando que dejara de creer que eres una niña pequeña que tiene que tomar las decisiones por ti para protegerte porque según él tú no sabes cuidarte a ti misma) ¿te mereces estar sufriendo mientras eso sucede? CLARO QUE NO.

Sé que ya no quieres sufrir porque estás pidiendo ayuda para dejar de hacerlo, por eso, una vez que hayas tomado la decisión hazlo de la siguiente manera.

Pasos para cortar con un novio violento:


1. Díselo a alguien. Habla con tus papás y con tus amigas (es buen momento para llamar a esa mejor amiga a la que abandonaste, ella entenderá), explica lo que está sucediendo, platícales cómo es él y que necesitarás de su ayuda para dejarlo. Busca testimonios de otras chicas que han estado en la misma situación, verás que no eres la única y que sí eres capaz de dejarlo.

2. Cítalo en un lugar público para cortarlo. Un restaurante, una plaza comercial, etc. Asegúrate de no ir sola, alguien debe acompañarte y quedarse a una distancia moderada en donde pueda estar al tanto de lo que suceda. Diseñen un plan de intervención en caso de ser necesario.

3. Avisa en tu casa en donde estarás y a qué hora. Lleva un teléfono celular y ten registrado un teléfono de emergencia (patrulla, ambulancia, etc.) para llamar en caso necesario.

4. En cuanto tu novio aparezca debes dejarle claro que la charla será breve y que tu familia te estará esperando. No dejes que te convenza de ir a otro lado.

Tienes que ser muy fuerte cuando te veas con él, porque puede ocurrir que él te trate de manipular diciendo que cambiará, que sin ti no puede vivir o que se matará si lo dejas. O por el contrario, puede enojarse y agredirte, si esto ocurre tu acompañante deberá intervenir, lo mismo si trata de obligarte a que vayas con él a otra parte o si no quiere retirarse del lugar.

Por último, toda relación violenta deja secuelas, y toda separación requiere una etapa de duelo. Por eso es muy importante que tomes terapia o acudas a un grupo de autoayuda, que leas libros sobre el tema que te ayuden entender lo que sucedió. Una vez que has cortado a tu novio controlador eres libre físicamente, pero también hay que recuperar la libertad emocional.

Por ningún motivo tengas contacto con él, si se trata de algún compañero que estudie contigo entonces trata de no quedarte a solas con él, procura estar en compañía de otras amigas y amigos o en su defecto de algún profesor o maestra.

¡¡Ten valor, no estás sola!!

domingo, 13 de junio de 2010

SEP impulsa acciones para erradicar la violencia en el noviazgo



La SEP impulsa acciones para erradicar la violencia en el noviazgo, o al menos así lo hizo saber en un comunicado.






Comunicado de la SEP del miércoles 2 de junio de 2010:

    SEP IMPULSA ACCIONES PARA ERRADICAR LA VIOLENCIA EN EL NOVIAZGO
  • Ocho de cada 10 jóvenes detecta violencia en las familias mexicanas y 7 de cada 10 entre 12 y 24 años han padecido algún tipo de violencia durante su noviazgo.
  • Se presentó la campaña “Yo amo sin violencia, en la que también colaboran IMJUVE, la Secretaría de Salud y la ONU.


Si enfrentamos exitosamente la violencia en el noviazgo, vamos a crear las condiciones para que ésta no se presente en el seno familiar, subrayó el Secretario de Educación Pública, Maestro Alonso Lujambio, en el marco de la presentación de la campaña sobre violencia en el noviazgo “Yo amo sin violencia.

Refirió que ocho de cada 10 jóvenes detecta violencia en las familias mexicanas, y que 7 de cada 10 jóvenes de entre 12 y 24 años han padecido algún tipo de violencia durante su noviazgo.

Ante la comunidad del Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (CONALEP) México-Canadá, ubicado en San Pedro Xalpa, el Maestro Lujambio señaló que debido a esta problemática, la SEP, el Instituto Mexicano de la Juventud, el Fondo de Población de la Organización de las Naciones Unidas y la Secretaría de Salud, lanzan esta campaña que incluye medidas concretas, entre las que destacan la capacitación durante este año de 600 trabajadores sociales y personal docente, principalmente de escuelas secundarias, para que se atienda a las y los jóvenes que han sido víctimas de violencia en el noviazgo.

Asimismo, el Secretario Lujambio destacó que se recurrirá a la sensibilización mediante pláticas a 600 mil alumnas y alumnos en más de mil 400 escuelas de 23 ciudades del país, para hablar sobre el tema, además de que se contará con una línea joven 01 800 22 80 092 y un correo electrónico noviazgosinviolencia@imjuventud.gob.mx, donde se ofrecen servicios de orientación a los jóvenes, incluso, apuntó que también a través de las redes sociales y de medios de comunicación se atacará este problema.

Explicó que es importante la participación de la sociedad, por lo que anunció que en septiembre próximo quedarán instalados los Consejos de Participación Social, a fin de promover una discusión sobre este tema.

El encargado de la política educativa del país destacó que este es otro de los compromisos del Presidente Felipe Calderón que se cumplen con acciones concretas, con la participación de la sociedad civil para construir juntos, con educación y prevención, una nueva cultura de relación entre jóvenes para que los ayudemos a construir relaciones libres de violencia y, en consecuencia, mejores relaciones de desarrollo humano y social.

El representante del Fondo de Población de Naciones Unidas, Diego Palacios, comentó que es fundamental prevenir la violencia en las relaciones de noviazgo porque en una sociedad democrática, participativa, que procura la igualdad, estas expresiones atentan contra los derechos de las personas, impiden el desarrollo humano y restringen el crecimiento económico.

Adelantó que como la violencia es una problemática global que nos atañe a todos y todas, será uno de los tópicos que se abordarán en la Conferencia Mundial de Juventud, que se desarrollará en el mes de agosto próximo en la ciudad de León, Guanajuato.

Por su parte, la Maestra Priscila Vera Hernández, Directora General del IMJUVE, mencionó que la violencia que viven los jóvenes es producto de una cultura generacional de inquietudes y desigualdades, basada en estereotipos de género que han marcado las diferencias perjudiciales entre hombres y mujeres.

Señaló que se trata de prevenir, en el corto plazo, la violencia en el noviazgo, pero en el largo plazo se busca erradicar la violencia de la mente, de la conducta de nuestros niños y jóvenes; se trata de cortar la espiral de la violencia en México, y para ello, los jóvenes creen en el poder de la educación y confían en el vigor de la cultura, más que en la violencia.

El Director General de CONALEP, Wilfrido Perea Curiel, dijo que una alternativa a todo tipo de violencia es el fomento y el fortalecimiento de los valores, como el respeto a la persona, la comunicación, el compromiso con la sociedad y una mentalidad positiva y de calidad, lo que permite que entre los jóvenes exista una convivencia armónica basada en la tolerancia, la empatía y la solidaridad.