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martes, 11 de abril de 2017

Cuando equivocadamente creemos que hay señales de arrepentimiento

Nos envían un testimonio más de una sobreviviente de violencia:

estar en estado incoveniente no justifica ejercer la violencia ni ser violentada


"Esto pasó el pasado fin de año. Yo había bebido de más de la fiesta del trabajo, coincidió con que mi esposo también tenía un evento esa noche al que quería ir, así que cuando pasó por mi y me vio en ese estado se molestó.

En el camino no dijo nada, pero yo alcoholizada como estaba empecé a echarle en cara todas sus faltas: sus infidelidades, su indiferencia, sus malos tratos. Esto le enojó muchísimo así que comenzó a subir la velocidad del auto para intimidarme y luego comenzó a vociferar.

Me espanté, quería bajarme, no podía. Hasta que en un alto me bajé corriendo y me metí en el primer restaurante que encontré, esperé ahí hasta sentirme menos mareada. No sabía que hacer, si regresar o no, después me di cuenta de que no tenía dinero para regresar. Así que llamé a un amigo para que me ayudara a volver a casa.

Mi amigo llegó en mi auxilio junto con su mamá. Les conté la historia y me aconsejaron que no regresara, hasta se ofrecieron a llevarme a su casa al menos por esa noche. No quise, les pedí que por favor me llevaran. En el fondo me sentía culpable, porque pensaba que si yo no hubiera tomado esa noche él no se hubiera molestado y nada habría pasado.

Finalmente mi amigo y su mamá me llevaron a casa, nunca olvidaré lo que me dijo ella: 'el culpable muere hasta que el cobarde quiere'.

Cuando regresé la casa parecía sola, todo estaba en silencio. Subí a mi habitación, ahí estaba mi esposo, realmente enojado, pensaba que yo había huido y que no volvería. Al principio pensé que había estado preocupado por mi, después me di cuenta de que no, de estaba furioso porque yo "le había arruinado la noche". Empezamos a discutir nuevamente, y él gritaba cada vez más.

Finalmente, como yo no me callaba él se exasperó y tomó mi cuello entre sus manos. Intenté zafarme como pude, patear, moverme, no logré nada. Le empecé a rogar pero él apretaba más fuerte. Pensando que iba a morir en ese momento, no pude hacer otra cosa más que rogarle a Dios, entonces él se burló de mi, me llamó cursi. No podía creerlo, yo me estaba muriendo, él me estaba asesinando y aún así todavía se burlaba de mi.

Me llené de ira. Aún no sé cómo lo hice, pero empecé a gritarle con todas mis fuerzas. De manera irracional pensé que si moría en ese momento regresaría del más allá para vengarme de él y así se lo dije. Realmente creí que moriría, pero justo cuando dije esas palabras fue como magia, él me soltó, comenzó a pedir perdón.

Se disculpó conmigo, pidió perdón, lloró, me juró que nunca volvería a pasar, que tomaría terapia, que él no quería hacerme ningún daño y que no sería jamás capaz de hacerme ningún mal. Por increíble que parezca le volví a creer, yo pensaba que quizá en un acto de reflexión había entendido lo que estaba haciendo; pero no fue así, días más tarde me confesó que en medio de la ira él pensó que yo lo iba a matar por todas las cosas que yo le estaba diciendo, y sólo por eso me soltó."

Algunos comentarios para esta historia:

El discurso eterno que gira alrededor de las mujeres es el del amor. Si eres mujer debes amar y pensar que lo que haces puede hacerte ganar el amor. Luego entonces, no importa cuanto te odie o use el otro, si tú cambias esa otra persona también cambiará.

Y es increíble a qué grado llega esta enseñanza. Vemos en un mismo relato dos momentos claros de odio hacia ella, y a pesar de esto la mujer no alcanza a ver que no importa si lo que hace es bueno, malo o peor, para él ella no vale nada.

Ella en cambio interpreta algunas de sus acciones como señales de arrepentimiento, cuando lo único que a él le interesaba era él mismo. Él le perdona la vida, ella piensa que es por amor que lo hace, él sólo no quería morir, si ella se hubiera callado (y lo hubiera hecho de no ser porque él se comenzó a burlar abiertamente de algo que ella tenía muy por encima en su escala de valores) entonces hoy no estaría viva para contarnos esta historia.


martes, 6 de agosto de 2013

LA HISTORIA DE LISA

Este es el testimonio de Lisa, quien a los 15 años se casó con un muchacho mayor que ella y terminó viviendo una vida de maltratos. Desafortunadamente a la fecha continúa en esa relación, pero envía su historia como advertencia para aquellas jóvenes que estén en situaciones similares:


LA HISTORIA DE LISA


"Yo tenía 15 años cuando esas vacaciones vino mi prima de visita junto con un amigo suyo llamado Carlos que tenía 23. Los dos estuvieron en la ciudad una semana, ella se quedaba en mi casa y él nos visitaba todos los días.

Él venía de Córdoba,Veracruz, me contaba de lo hermoso que era la ciudad y de los lugares que visitaba. Esa semana nos enamoramos y entonces me propuso ir de visita a su casa para que yo pudiera conocer el estado. Así que, cuando mi prima regresó a su casa, yo me fui con Carlos sin el permiso de mis papás.

A los pocos días mi madre me localizó gracias a mi prima, me llamó por teléfono a casa de Carlos. Estaba muy enojada y amenazó con ir a buscarme para que regresara a la casa. Entonces Carlos me dijo que, como él era mayor de edad, si mi mamá lo encontraba seguro lo iba a denunciar por tener una relación con una menor y podía incluso acabar en la cárcel. Él habló conmigo: 'Mira, yo no te traje a la fuerza, tú quisiste venir, y ahora por eso yo voy a tener problemas, mejor habla con tu mamá y dile que tú y yo nos vamos a casar, y así no va a pasar nada'.

Así que hablé con mi madre, le dije que Carlos y yo nos casaríamos y que si ella venía sólo haría el ridículo porque estando casada con él no podría llevarme a ningún lado. Se enojó tanto, que ya nunca más volví a saber de ella ni de mi familia durante varios años.

Entonces me casé con Carlos, y al poco tiempo empezaron mal las cosas. Él quería que yo le planchara, le hiciera la comida, le lavara la ropa, y yo jamás había hecho nada de eso, se enojaba porque me quedaban mal las cosas y entonces me gritaba y me pegaba. Luego muchas veces se iba de viaje por el trabajo, y pasaba mucho tiempo fuera de casa sin que yo supiera si estaba bien o no. Yo pasaba mucho tiempo sola y me sentía muy mal, pero ya no tenía casa a donde volver así que me quedé.

A los meses de casados me quedé embarazada, tuvimos tres hijos, y por la exigencia del hogar ya no pude seguir con mis estudios, mientras las golpizas seguían y cada vez eran peores. Al año de estar juntos me enteré que él andaba con otra mujer, y durante los siguientes años me fue infiel muchas veces, con una de la mujeres llegó a tener un hijo. Llegó a tanto esa situación, que la mujer me hablaba a la casa diciéndome que yo me tenía que salir para que ella pudiera vivir con mi marido como debía de ser, y cuando yo le reclamaba a él entonces me gritaba y me daba de golpes.

Hace varios años que nos mudamos a México para tener más dinero, llevamos 25 años juntos. Todavía se enoja, me grita mucho, me pega y me es infiel".

miércoles, 10 de julio de 2013

LA HISTORIA DE ANA PAULA

Ana Paula se casó con "el hombre de sus sueños", ilusionada y emocionada por iniciar una familia con el chico que le decía que siempre la protegería, que jamás le haría ningún daño.


LA HISTORIA DE ANA PAULA


A cinco meses de casados, comenzó una etapa de horrores en el matrimonio de Ana Paula, quien a partir de ese momento fue víctima de severas golpizas por parte del marido y se vio paralizada por el miedo, sin jamás atreverse a comentarlo con alguno de sus más cercanos conocidos.

Las escenas que Ana Paula vivía todos los días, eran muy similares a esta:


En pleno centro comercial, un hombre grita y manotea a una mujer delgada y atractiva, quien camina invadida por la vergüenza, tratando de pasar inadvertida ante la mirada curiosa de decenas de personas.

Un viernes, víctima del empujón de un asaltante, esa mujer, Ana Paula, perdió sus tarjetas de crédito. Al día siguiente se lo comentó a su esposo -aquel "angelito" que manoteaba detrás de ella- en el centro comercial y, furioso, le gritaba a voz en cuello, entre otras cosas que era "una pendeja".

Al llegar a su casa, tras llamar por teléfono para notificar el robo de sus tarjetas, con lágrimas en los ojos, Ana Paula miró a su marido. Éste, sin más comentario, le propinó una violenta bofetada y la derribó.


Durante mucho tiempo Ana Paula soportó los golpes, las cachetadas, los moretones. Siempre tenía un pretexto para las marcas que le dejaba su marido: se había caído por la escalera, se había golpeado con la puerta, había sido un accidente.

Finalmente, fue la empleada doméstica quien se dio cuenta de que aquellos moretones y heridas no eran accidentes sino producto de la violencia que ejercía el marido de Ana Paula. Fue aquella mujer quien obligó a Ana Paula a consultar a un terapeuta (prácticamente la llevó al consultorio), y finalmente Ana Paula confesó todo el sufrimiento por el que estaba pasando.

Después de aquella primera visita, a Ana Paula le tomó todavía mucho tiempo el poder salir de aquella relación tormentosa. Actualmente se encuentra en recuperación y sigue acudiendo a terapia.

lunes, 10 de junio de 2013

HISTORIA DE VALERIA

Esta es la historia de Valeria.


HISTORIA DE VALERIA


Valeria es una joven de apenas 18 años y muy valiente, ella nos manda su historia:

"Estuve en esa relación 1 año, siete meses. Al principio él era increíble: el novio más amoroso, tierno, atento. Los primeros cinco meses fueron los más maravillosos y comencé a hacerme ilusiones: con este sí me voy a quedar, con este me voy a casar.

Nos fuimos a vivir juntos, era casa de su mamá y su tía. Entonces comenzó a celarme y a controlar todo lo que hacía, me decía como vestir e incluso llegó a tirar toda mi ropa diciendo que me compraría ropa nueva lo cual nunca sucedió. Decía que me vestía como señora, que debería vestirme más juvenil, nunca le gustó como era yo.

Luego, su tía me obligó a trabajar para que pagara los gastos porque 'yo no estaba de visita', además me obligaban a plancharle y lavarle la ropa a él y me regañaban constantemente porque no lo hacía como ellas (la tía y la mamá) querían. También tenía que hacer la limpieza de la casa y otros deberes.

Él estaba muy apegado a su madre, por lo que yo no podía quejarme de esas exigencias sin que él se enojara conmigo y me gritara.

Dejé de hablarle a mis amigos y amigas e incluso hizo que me alejara de mi propia familia, de mi madre. Yo no les contaba nada de lo que estaba pasando, comencé a tener depresión y llegué a tener intentos de suicidio.

Finalmente decidí hablar con mi familia de la horrible situación y al día siguiente estaba de regreso en casa de mi madre, a los pocos días mi tía me llevó a terapia. Ahora todo lo que quiero es dejar de sentir tanto dolor y miedo, mi familia me está apoyando".

martes, 4 de junio de 2013

AMINA AGAMI

Amina Agami huyó de su esposo tras años de violencia en el ámbito del hogar, a pesar de los enormes riesgos económicos y sociales que suponía esa decisión. Lleva 10 años trabajando para ONG que promueven y protegen los derechos de las personas que corren mayor peligro, como las personas que trabajan en la industria del sexo y las afectadas por el VIH/Sida, como muchas de ellas residentes en asentamientos precarios.


AMINA AGAMI


Oriunda de Beni Suef, al sur de El Cairo y licenciada en humanidades, Amina Agami dejó de trabajar al tener hijos pero su hogar se convirtió en un lugar de terror.

"Fui víctima de violencia familiar a manos de mi esposo. Sufrí mucho, pero al final conseguí separarme de él. Eso fue hace 11 años.

Mi familia se escandalizó cuando dejé a mi esposo. En aquel momento, uno de mis hijos tenía tres años y el otro uno".

A base de errores aprendió que "lo más importante para una mujer es el empoderamiento económico". Y añadió: "Sin eso no pueden escapar de relaciones o situaciones abusivas. Están atrapadas. Ése fue mi principal obstáculo para dejar a mi esposo".

Amina Agami, que ahora tiene 42 años, convirtió su trauma personal en la fuerza motriz necesaria para ayudar a otras mujeres que habían sufrido violencia o corrían peligro de sufrirla. Trabajó durante ocho años para la Fundación Al Shehab para el Desarrollo Integral, dedicándose a la violencia contra las mujeres y a cuestiones relacionadas con trabajadoras de la industria del sexo.

En ocasiones ha estado en peligro a causa de su trabajo. En enero de 2010 fue detenida mientras entrevistaba a trabajadoras del sexo; la trasladaron a la comisaría de la zona antigua de El Cairo la sometieron a un registro corporal sin ropa y pasó la noche en una celda.

Lleva un año colaborando con Maan, una ONG que se centra en la salud, la infancia, el desarrollo y la prevención del VIH/sida.

Al preguntarle por la nueva constitución, Amina Agami afirmó que "[...] no se preocupa por las mujeres, como si no existieran". Según dijo, potencialmente la Constitución podría establecer el matrimonio infantil.

"La Constitución no ofrece a las mujeres ninguna posibilidad de acceder al Parlamento, el Ministerio de Justicia o cualquier otro puesto similar".

En cuanto a las últimas protestas, añadió: "Se ha quebrantado la revolución. Mataron a jóvenes de entre 18 y 25 años. Esos jóvenes son el futuro del país. Si los matas, el país no tiene futuro, es así de simple".

¿Es optimista sobre el futuro?


"Creo que la situación actual en Egipto es especialmente complicada. Antes de la revolución, el gobierno simplemente negaba que las mujeres tuvieran ciertos derechos. Ahora tenemos el problema de que determinados sectores religiosos dicen que iremos al infierno por pedir [que se respeten] nuestros derechos".

Fuente: "Luchando por la Justicia y los derechos humanos. Activistas egipcias cuentan su lucha". Amnistía Internacional, marzo 2013, pp. 20-21