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sábado, 10 de enero de 2015

¿QUÉ ES LA VIOLENCIA?

La violencia se define como un acto intencional que puede ser único o recurrente y cíclico, dirigido a dominar, controlar, agredir o lastimar a otra persona. Por lo general es ejercida por las personas de mayor jerarquía, es decir, las que tienen el poder en una relación, como son: el padre y/o la madre sobre los hijos, los jefes sobre los empleados, los hombres sobre las mujeres, los hombres sobre otros hombres y las mujeres sobre otras mujeres, pero también se puede ejercer sobre objetos, animales o contra el propio individuo.

QUÉ ES LA VIOLENCIA

La violencia inhibe el desarrollo de las personas y puede causar daños irreversibles. Cuando se habla de violencia lo primero que viene a la mente es el maltrato físico, sin embargo, la violencia también puede ser emocional o psicológica. Este tipo de violencia, cuya frecuencia es muy alta, es la más difícil de identificar.

La violencia adopta diferentes maneras de expresión que pueden abarcar desde una ofensa verbal hasta el homicidio. En términos generales, existen cinco tipos de violencia que no son mutuamente excluyentes, es decir, se puede manifestar más de un tipo al mismo tiempo, de diversas maneras y en diferentes esferas, tanto en la vida pública como privada.
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Fuente: Envinov 2007 

sábado, 14 de septiembre de 2013

DIÁLOGO ENTRE MUJER Y TERAPEUTA

Les presentamos a continuación el diálogo entre una mujer y un terapeuta, es una conversación verídica que aconteció hace algunos años en una estación de radio y expone entre otras cosas, como una mujer maltratada evita a toda costa señalar a su marido como problema a pesar de la evidencia de violencia que él ejerce. En cambio, la mujer oculta sus propios sentimientos lo que con el tiempo le provoca depresión:


DIÁOLOGO ENTRE MUJER Y TERAPEUTA


Mujer: Quiero aprender a comunicarme mejor con mi marido...

Doctor: ¿Qué quiere usted decir con eso?

Mujer: Pues que constantemente se enfurece conmigo...

Doctor: ¿Y qué le enfurece?

Mujer: Cualquier cosa... parece que nunca hago nada bien...

Doctor: ¿Cómo se enfurece?

Mujer: Es muy dominante y siempre me está dando órdenes... No pregunta nada: exige y me insulta... me llama estúpido y loca...

Doctor: ¿Cómo la hace sentir eso?

Mujer: Muy mal... Me paso todo el tiempo deprimida...

Doctor: ¿Cuánto tiempo hace que está deprimida?

Mujer: Con intervalos, como unos 15 años...

Doctor: ¿No cree que hay alguna relación entre la forma como él la trata y cómo se siente usted?

Mujer: Oh, mire, no todo el tiempo es así... Debo haberme expresado mal... Con él no me falta nada, y cuando no está enojado es encantador...

Doctor: Pero cuando se enoja la trata mal y la insulta. Mire lo que le está haciendo... Cuando a alguien lo tratan así, generalmente se enoja... ¿Usted no está enojada?

Mujer: (comienza a llorar) Sí, pero lo amo y sé que él me ama.

Doctor: Es muy probable, pero lo que usted está haciendo con su enojo, normal y apropiado, es volverlo contra usted misma: está convirtiendo en depresión y autoculpa. Son formas muy típicas de manejar el enojo en mujeres que no pueden expresarlo.

jueves, 25 de julio de 2013

AUTOESTIMA DE LAS MUJERES MALTRATADAS

Normalmente se cree que la autoestima de las mujeres maltratadas es baja, y es cierto, las mujeres (y hombres también) que viven constantemente con alguien que insulta, denigra, golpea, grita, a menudo sienten que no valen lo suficiente, incluso se llegan a culpar de tales tratos.


AUTOESTIMA DE LAS MUJERES MALTRATADAS


Es necesario señalar que la autoestima de las mujeres maltratadas no ha estado por los suelos siempre. Mucha gente cree que precisamente debido a la baja autoestima es que caen en relaciones destructivas donde hay violencia y maltrato, y si bien puede haber casos en donde una persona ya estuviera afectada por un entorno violento u otras circunstancias que afectaran su autoestima antes de caer en otro ambiente similar, lo cierto es que son miles las mujeres que antes de entrar en relaciones violentas eran independientes, seguras y con una excelente imagen de sí mismas.

Y es que no se termina de entender que las mujeres maltratadas no están en relaciones violentas por gusto, y que en el inicio su pareja por lo regular resulta ser cariñosa, amable, atenta. Sólo conforme avanza la relación es que se va presentando el maltrato de forma paulatina, y entonces por eso decimos que ahí hay un abuso de confianza, porque se confía y se cree en la palabra de una persona a la que amamos, con la que hemos generado un vínculo afectivo.

Es como con los padres o los amigos: los queremos, convivimos con ellos, y si un día nos ofenden sus palabras nos harán sentir mal, cosa que no pasaría si quien nos ofendiera fuera un extraño, precisamente por el vínculo emocional que tenemos.

Y si a veces te tratan bien, eso alienta a seguir adelante con la relación; y si cuando te tratan mal se disculpan, tú realmente crees que eso cambiará las cosas; y si después de eso te siguen maltratando y se disculpa pero al mismo tiempo te culpa (como diciendo, sí yo hice mal pero no hubiera pasado si tú...), entonces tratas de no volver a "cometer errores" para que todo siga funcionando... y al final no lo logras, sientes que a pesar de todos tus esfuerzos no logras acertar en hacer feliz a tu pareja, te sientes tonta e inútil, empiezas a creer que las peleas son tu culpa, que su mal carácter es por algo que haces o dejas de hacer, que si tal vez fueras más bonita e inteligente, o menos perezosa, o te arreglaras más, hasta que ese pensamiento obsesivo termina por destruirte y borrar lo poco que quedaba de tu personalidad y amor propio.

Terminas viviendo el resto de tu vida tratando de darle gusto al otro y sintiéndote cada vez peor hasta un día simplemente ya no te quedan ganas de levantarte, de vestirte, de comer, de vivir.

Una persona que ha caído en esa forma de pensar necesita ayuda y no reproches acerca de su falta de amor hacia sí misma, porque ese estado mental es el producto de haber pasado meses o años con una persona que se aprovechó de sus sentimientos para subyugarla.

Un hombre que violenta continuamente a su pareja, es capaz de aniquilar, poco a poco, la autoestima hasta de la más segura de las mujeres. Esto lo hace a tal grado, que cuando la mujer está consciente de su situación ya no tiene la más mínima confianza en sí misma, ni en su capacidad de hacer lo que desee y relacionarse sanamente con los demás.

Conforme se desarrolla la "relación amorosa", la mujer víctima del maltrato, frecuentemente descuida su aspecto y su cuerpo, algunas caen en adicciones, y muchas sufren trastornos de todo tipo: insomnio, falta de apetito, problemas gastrointestinales, migrañas, etc. Si trabajan, su desempeño laboral se deteriora e incluso pueden llegar a abandonar su empleo. Si se es profesionista o tiene la posibilidad de cursar una prometedora carrera profesional, prefiere abandonarla y ocupar pequeños cargos sin relación con sus ambiciones originales o con su capacidad. Con frecuencia sufre de ataques de llanto y angustia y cae en profundos estados de tristeza.

Es así como la autoestima de las mujeres maltratadas termina destrozada, y ellas se preguntan día a día ¿por qué a mi? ¿por qué me hace esto? ¿que lo lleva a maltratarme, golpearme y abusar de mi?. Lo peor de todo es que el hombre maltratador no asume responsabilidad alguna por el sufrimiento que ocasiona a su pareja; por el contrario, más bien la culpa de todos los sucesos desagradables de la relación, de la casa y de la sociedad.

jueves, 11 de julio de 2013

NO SUFRAS POR AMOR

Cuando pasas por alguna pelea con tu pareja, siempre hay gente bien intencionada que te dice que no sufras por amor, y claro, es una sugerencia muy razonable.


NO SUFRAS POR AMOR


"No sufras por amor" te dicen, porque todos sabemos que el amor es lindo, lleno de cosas bellas, armonía y pajaritos volando.

Pero como no sufrir por amor cuando estamos rodeados de mensajes que nos dicen que para tener amor hay que sufrir.

Desde los culebrones de la televisión hasta la literatura clásica, historias como Romeo y Julieta, o la pobre Sofía en Hamlet, todos contienen personajes en donde, antes de llegar al estado de felicidad ideal, las parejas tienen que pasar por un sin fin de obstáculos, pesares, pérdidas y sufrimiento.

Incluso en nuestra propia familia escuchamos frases como "el matrimonio es sacrificio" o "es normal que las parejas peleen".

En las telenovelas por ejemplo, en todos los personajes siempre hay un común denominador: el sufrimiento. Si se ama es implícito sufrir, los protagonistas siempre son personas distantes, aisladas entre sí, de diferentes niveles socioeconómicos, que deben sortear una gran cantidad de obstáculos para estar juntos y que, finalmente, tenían que vivir o sobrevivir a los triángulos o cuadrángulos amorosos, a los conflictos, las distancias, la lejanía, las persecusiones, la pobreza.

Parecería que en estos relatos no puede existir una historia de amor entre dos personas que se simplemente se quieran, se respeten y les vaya bien. No, parece ser que la consigna es: "Para amar, hay que sufrir".

Particularmente en la cultura mexicana, el sufrimiento por amor está muy arraigado en el pensamiento romántico de la población, a la que en general le parece normal que una pareja pelee, se grite, insulte o empuje, que haya celos y "escenas", que se separen y dejen de hablar, y que después de todo se vuelvan a reconciliar.

Irónicamente, estos ciclos de sufrimiento no son lo que la gente realmente quiere para sus vidas, nadie se empareja para sufrir; pero tampoco nadie les enseña cómo es una relación sin sufrimiento. Al contrario, cuando se presenta el primer grito o el primer empujón, muchos reciben comentarios en el sentido de que es normal que "a veces" pase, y de repente ese "a veces" se convierte en "casi siempre".

Cuando las parejas se dan cuenta de que su relación es un infierno, es porque ya han pasado por una buena dosis de sufrimiento, y eso por supuesto no los lleva a "ser felices por siempre" como en la televisión o las películas.

Aunque las parejas no desean realmente sufrir por amor, sí se compran la historia de que si superan todos los problemas unidos, serán felices. Y sí, es verdad que cada pareja pasa por momento difíciles en ocasiones; pero eso no implica que esos momentos difíciles contengan burlas, golpes, celos o descalificaciones.

Una relación de pareja claro que requiere trabajo, pero es eso: TRABAJO, y no sacrificio. Significa que la relación hay que construirla, saber que se quiere y hacia donde llegar, no que tengas que sacrificar tu personalidad, tu felicidad, tu autoestima, tu vida, para complacer a la otra persona.

Que no hay parejas perfectas, claro que no las hay, y particularmente en nuestra sociedad; pero si estamos conscientes de todos estos mitos que nos llevan a sufrir por amor, entonces podemos trabajar más para NO seguirlos reproduciendo en nuestras relaciones. ¿Y cómo se hace eso? Leyendo, informándote, acudiendo a talleres, analizando tu propia relación e identificando acciones violentas: ¿le grité? ¿me molesté por su forma de vestir? ¿lo a la callé en una conversación de amigos?

No es un trabajo fácil pero es posible, y si lo llevas a cabo te darás cuenta de que no es necesario sufrir para alcanzar el cielo, y entonces sí podrás hacer caso plenamente del consejo:

NO SUFRAS POR AMOR

sábado, 6 de julio de 2013

VIOLENCIA DURANTE EL EMBARAZO

Aunque parezca increíble, muchas mujeres sufren de violencia durante el embarazo. Cualquiera pensaría que un hombre podría contener sus ataques de ira en presencia de una mujer embarazada, pero hay hombres abusivos incapaces de moderarse ni siquiera en este estado.


VIOLENCIA DURANTE EL EMBARAZO


Se calcula que una de cada diez mujeres embarazadas ha sufrido violencia durante el embarazo. Por supuesto se trata de todo tipo de violencia: insultos, burlas e incluso golpes.

Muchas de las mujeres que sufren violencia durante el embarazo han tenido consecuencias: complicaciones durante el embarazo, partos prematuros o abortos "espontáneos". Todos producto del abuso constante.

Algunas mujeres que han sufrido de violencia durante el embarazo, relatan que antes de saber de su embarazo sus parejas tenían un trato normal, sin gritos ni golpes.

Una mujer contaba que su relación de pareja era satisfactoria y que su marido nunca había manifestado ningún avisto de maltrato, hasta que se enteró de que ella estaba embarazada, entonces comenzaron los golpes. Al parecer él no quería tener hijos y la culpaba a ella por el embarazo.

Otra chica relataba que su esposo no estaba cerrado a la idea de tener hijos, cuando se enteró del embarazo no recibió tan mal la noticia; sin embargo, conforme su estado avanzaba ella dejó de hacer algunas labores en la casa porque le costaba más trabajo y se cansaba más. Fue entonces cuando comenzó el maltrato: golpes, gritos, él le decía que era una "inútil" que ya no podía hacer nada ni cumplir con sus obligaciones, a veces el marido apagaba cigarrillos sobre los brazos de ella.

También encontramos el testimonio de una mujer que llegó a tener dos abortos por culpa de los golpes que le propinaba su marido, directamente al vientre. La golpeaba, y cuando ya estaba en el suelo la seguía pateando hasta que se cansaba.

No es que el embarazo propicie por sí mismo la violencia. La violencia durante el embarazo deriva, al igual que la violencia cotidiana, de las creencias que tienen las personas respecto al sexo femenino: si un hombre cree que la mujer debe hacerse cargo por completo de la casa en todo momento, y al llegar al embarazo ella falta a alguna de esas obligaciones, ese hombre enfadará; si un hombre piensa que un embarazo es sólo responsabilidad de la mujer, pero al mismo tiempo siente que es su obligación "cargar con eso", muy probablemente él tenderá al maltrato; igualmente si él no quiere ser padre, y considera que la anticoncepción es responsabilidad de ella, puede que reaccione de forma violenta.

Tener estas creencias no implica necesariamente que se presente la violencia, pero tener estas creencias y crecer con la idea de que los hombres deben resolver sus problemas de forma violenta, sí representa un gran peligro.

jueves, 23 de mayo de 2013

RETIRAR DENUNCIA POR MALOS TRATOS

¿Por qué una mujer retira su denuncia cuando hay malos tratos de parte de su pareja?


RETIRAR DENUNCIA MALOS TRATOS



Todos hemos conocido el caso de una mujer que retira su denuncia aún cuando ha sufrido malos tratos por parte de su marido, novio, pareja: insultos, golpes, violaciones.

Solemos leer en las noticias y en los periódicos decenas de casos en donde las mujeres se retractan de denunciar a sus parejas en casos de violencia y maltrato.

Aunque sabemos que la violencia es un delito, muchas de estas mujeres voluntariamente se presentan a los juzgados y a los ministerios para exonerar a sus parejas y retirar su denuncia, a pesar de los insultos y las golpizas.

La mayoría de la gente no entiende el por qué, y se quedan entonces con la frase en la lengua: "entonces que no se quejen".

Seguimos sin entender que cuando hablamos de violencia hablamos del abuso de poder de un ser humano sobre el otro. Y en nuestra sociedad son los hombres quienes tienen el poder.

Y para muestra el triste caso de Alexia Imaz, hija nada menos que del titular del Cisen.

Alexia fue víctima de violencia. Ella decidió terminar su relación amorosa con Gerardo y él, como muchos hombres que creen que deben ser ellos quienes tengan la última palabra y no las mujeres, entró en cólera.

Gerardo no pudo aceptar que Alexia ya no quería nada con él, tampoco pudo entender que ella no quisiera hablarle. Creyendo Gerardo que él tenía todo el derecho del mundo para tener a Alexia y forzarla a estar con él sin importarle los deseos de ella, entró furtivamente en la noche a casa de ella y a su habitación.

Cuando ella se negó nuevamente a estar con él, Gerardo la comenzó a golpear a puñetazos porque a él, como a muchos hombres, le han enseñado que tiene derecho a golpear si está enojado, que esa es la forma correcta de expresar desacuerdo y que además las mujeres no tienen por qué decirle que no. Ella le dijo que no, él se enojó, él la golpeó.

Alexia en cambio, sabía perfectamente que las acciones de Gerardo eran delictivas. Por lo que con apoyo de su hermana subió a las redes sociales las pruebas de ese delito. También con apoyo de su hermana exhortó a las mujeres a que denunciaran si habían pasado por situaciones parecidas.

A la mañana siguiente Alexia hizo lo que toda mujer debería tener derecho a hacer: denunciar a un hombre que entró en su casa para golpearla.

¿Y qué sucedió?

Que en vez de que se hiciera justicia, el abuso de poder de los hombres se hizo evidente nuevamente.

Aunque el abuelo de Gerardo aseguró que no metería las manos por él, finalmente sí lo hizo.

El abuelo de Gerardo, Jesús Murillo Karam, llamó al titular del Cisen (padre de Alexia) y le pidió que no hiciera ningún cargo. A cambió Gerardo se disculparía públicamente y prometería nunca jamás molestar a Alexia.

Y así como en la antigüedad eran los padres quienes decidían el matrimonio de sus hijas, su vida y su destino, sin importar lo que ellas pensaran, así este par arreglaron entre ellos, entre hombres, un problema sobre el que Alexeia debería haber tomado decisión directa.

En vez de recibir el apoyo de la familia, el padre de Alexia decidió que no era tan grave que su hija hubiera sido brutalmente golpeada por otro hombre, al menos no tanto como para mandarlo a la cárcel.

Nadie le preguntó a Alexia su opinión o si estaba conforme con esa solución, sí en cambio la obligaron a retirar la denuncia. De poco le sirvió a Alexia exhortar a otras mujeres a denunciar y citar a Kofi Annan, finalmente fue su padre quien decidió que ella debía callarse como "buena mujer".

Algo muy similar a lo que pasa con las cientos de mujeres que retiran las denuncias que ellas mismas hacen. Aunque parecen diferentes los motivos, en el fondo sólo es uno: los hombres tienen poder sobre ellas.

Así pasa con la mujer que retira la denuncia porque el marido es el único con ingresos, porque nadie más la apoyará económicamente, porque nadie le da un trabajo bien pagado a una mujer con hijos, porque la familia cree que con una disculpa basta, porque las autoridades creen que es un simple pleito de pareja y que "después se arreglan bajo las sábanas". O en el caso de Alexia, porque esa denuncia en particular afectaba directamente el poder político de dos hombres.

Y con todo eso a cuestas, aún así hay mujeres que se atreven a denunciar, a pesar de que hay todo un sistema diciéndoles que no es buena idea, que no es para tanto, que hay que aguantar, que es exagerado.

Por eso representa un grave problema cuando por fin se reúnen el valor o las condiciones suficientes para denunciar un caso de maltrato, y la víctima es presionada por agentes externos (familia, amigos, autoridades) para que retire la denuncia. Es una negación directa de la justicia que ella merece, y representa la aprobación social del poder de los hombres por sobre la vida de las mujeres sin importar las consecuencias que para ellas tienen.

Sí, retirar denuncias tiene sus consecuencias, la principal de ellas es que se está dejando libre a un abusador que continuará ejerciendo violencia golpeando y humillando a otro ser humano quizás hasta su muerte, y una disculpa no va a cambiar eso.

lunes, 25 de febrero de 2013

¿ESTARÉ EXAGERANDO?

Hace poco recibimos el siguiente mensaje:


¿ESTARÉ EXAGERANDO?




¡Hola!

Mi marido me dio un puñetazo en la cara y lo denuncié. Después de trece años de maltrato ese puñetazo no fue lo que me abrió los ojos, fue mi hijo con cuatro años cuando lo vi temblando de miedo y le dijo a su papi: "papá, no le pegues a mami". Eso fue.

Ahora tengo dudas si hice lo adecuado, denunciarlo, o si he sido exagerada y podría haber aguantado más. La duda me mata cada día, necesito ayuda.

Han sido trece años de insultos, vejaciones, empujones, guantazos, menosprecios en público.


Muchas mujeres que sufren violencia en el hogar tienen esta duda: ¿Estaré exagerando?

Y es que recordemos primero dos cosas:


a) Estamos educamos a tolerar la violencia como si fuera algo normal. Y si decimos que un grito o una burla son violencia, siempre surge alguien diciendo que exageramos, que no es para tanto.

b) Cuando una persona sufre violencia en el hogar, también es común que haya aislamiento y que nadie más esté enterado de la situación. Por lo tanto no hay en quien apoyarnos, alguien que nos pueda decir con toda seguridad "tú NO debes pasar por eso, no te lo mereces".


Y es que lo común, es que cuando estamos dentro del problema no nos demos cuenta de la gravedad de la situación, porque es nuestro ambiente y cuesta trabajo entender que nuestro entorno puede desenvolverse de otra forma y con otro trato. Es por eso que en estos casos reaccionamos sólo cuando otras personas externas nos señalan que algo va mal.

En el caso de la mujer que nos envió el mensaje, la persona externa que le hizo reaccionar fue su hijo. Y aún cuando hizo lo correcto tanto para él como para ella, tiene la duda de si exageró. Lo cual es una señal de que aún no ha reforzado su entorno social: acercarse más a la familia o los amigos.

Queremos ser muy enfáticos en esto:


  • La violencia, sea del tipo que sea, es un delito y debe ser denunciada.
  • Nadie tiene derecho a pegarnos, insultarnos o a burlarse de nosotros, ni en público ni en privado. Y si no le pasamos estas conductas a extraños en la calle, mucho menos debemos tolerarlas de quien se dice nuestra familia.
  • No tenemos por qué "aguantar", abandonar a una pareja desde las primeras señales de violencia puede (y de hecho lo hace) evitarnos años de sufrimiento.
  • La violencia mata. La gran mayoría de hombres golpeadores no tenían la intención de matar a sus esposas, simplemente no midieron la fuerza de sus golpes. Uno nunca puede saber si un golpe, el que sea, te hará perder la vida.



Si tú has pasado por una situación de violencia y denunciaste, no lo dudes: NO ESTÁS EXAGERANDO. Hiciste lo correcto.

Ahora lo que queda es aprender más sobre el tema y formar lazos familiares más fuertes, para que esta situación no vuelva a repetirse.

lunes, 18 de febrero de 2013

QUIEN BIEN TE QUIERE TE HARÁ SUFRIR


QUIEN BIEN TE QUIERE TE HARÁ SUFRIR


Cuantas veces no hemos escuchado frases como esta: "Quien bien te quiere te hará sufrir".

QUIEN BIEN TE QUIERE TE HARÁ SUFRIR


Y es que vivimos en un mundo en donde se nos ha inculcado que el amor de pareja es una especie de purgatorio, cuyo "fuego purificador" te hará pasar por terribles obstáculos hasta que finalmente alcances la felicidad eterna.

Se enseña pues, que esta clase de amor es sufrimiento y sacrificio, porque de lo contrario no se podría disfrutar de la recompensa final (que tanto en las películas de Hollywood como en los cuentos de hadas, es el matrimonio).

Se sufre por amor: si te enamoras te harán daño, si no te cela no te quiere (aún cuando esos celos te lastimen e incomoden), las peleas son normales (y en las peleas siempre hay gritos y a veces golpes). Y al final siempre hay recompensa: la reconciliación después de la pelea (aunque en el fondo se siga pensando igual, pero con flores eso no importa), el sentimiento de que no hay nadie más importante en el mundo (aunque efectivamente la relación te aísle tanto que sientas que realmente no cuentas con nadie más) y finalmente quedarse para siempre con la persona amada (aunque claro, después te dicen que para mantener eso se requieren grandes sacrificios... otra vez).

Y es que pareciera que cada fase del amor está llena de torturas: Sufres primero porque no sabes si la otra persona siente lo mismo, cuando por fin lo sabes tienes miedo de que se vaya, si se va hay un vacío profundo que nada puede llenar, si se queda te preguntas si sólo estará contigo. Eso sí, cuando consigues el amor entonces se convierte automáticamente en el mayor de tus triunfos, y si por alguna razón le dices al mundo que el amor debería vivirse de otra manera o que incluso se puede vivir sin él, entonces te llaman hedonista.

¿Qué pasa con la sociedad que por un lado idealiza tanto al amor que lo convierte en la redención absoluta, pero por otra parte te dice que debe ser sufrimiento?

Por supuesto hay una respuesta a esta pregunta, larga, extensa e histórica, de la cual hablaremos en otra ocasión; pero ahora el punto que nos interesa es el de transmitir el mensaje de que las relaciones de pareja se pueden vivir de otra forma que no sea a través del sufrimiento y que aún si nuestro amor no ha pasado por "terribles pruebas y grandes tormentos" sigue siendo valioso.

Recuerda que:

  • NO es obligatorio tener una relación de pareja. Somos seres sociales, y como tales tenemos otras relaciones a nuestro alrededor, no tener pareja no significa estar en soledad ni mucho menos fracaso.
  • La relación de pareja NO es lo más importante de nuestras vidas. Cuando tienes pareja claro que hay que cuidar la relación y darle importancia, pero la otra persona es PARTE de tu vida y no tu vida completa, recuerda que hay otros ámbitos que no debes descuidar: trabajo, familia, amistades, tú.
  • El amor de pareja NO es una prueba. Recuerda primero que nada que hay razones biológicas por las que nos emparejamos, luego hay valores sociales que asignamos, procura que estos últimos sean la solidaridad, el cariño, el deseo de apoyarse uno al otro, y no la fantasía idealizada de conseguir una recompensa de felicidad absoluta por el hecho de haber sufrido.
  • Tu vida NO es una telenovela. Muchas veces nos dejamos llevar las cosas que vemos en el cine o en la televisión, y creemos que nuestras relaciones de pareja deben ser de esa manera. Lo cierto que todas las personas tienen una personalidad propia y una forma diferente de demostrar afecto, que seguramente será muy diferente a lo que haga un personaje de película. Aprende a conocer a la persona con la que estás, y construyan un amor real y respetuoso.

Por último, no olvides: Quien bien te quiere, bien te trata.

viernes, 12 de octubre de 2012

¿HAS LASTIMADO A ALGUIEN QUE QUIERES?


¿HAS LASTIMADO A ALGUIEN QUE QUIERES?



Para saber si eres violento basta con responder SÍ a la pregunta: ¿has lastimado a alguien que quieres?

¿Has lastimado a alguien quieres?


La respuesta es sí o no, sin ambigüedades como "bueno, sólo una vez". ¿Has lastimado a alguien que quieres? Antes de responder, toma en cuenta que no estamos hablando sólo de lastimar físicamente, la pregunta incluye cualquier tipo de herida emocional o psicológica. Respóndete a ti mismo y verás que no existe el "sólo una vez".

Si recurres a la violencia física, debes estar consciente de que cuando atacas a otra persona estás violando la ley. Asume la responsabilidad por tus acciones y busca ayuda.

Para dejar de ser violento no basta con juramentos ni propósitos de año nuevo, hay que trabajar mucho en las creencias profundas en las que se ha sido educado y se requiere ayuda adecuada para ello. Mientras no hagas algo al respecto te arriesgas a ser suspendido en la escuela, a perder amistades, a lastimar a alguien de tu familia o a terminar en la cárcel.

Lo más eficaz para detener la violencia es analizar el punto en donde se genera. Es necesario dirigir la mirada hacia la propia familia y hacia uno mismo para ver y aceptar las distintas formas de violencia que ejercemos. Aunque vivamos en una familia en la que no hay golpizas u objetos voladores, es probable que se esté ejerciendo una violencia sutil y constante. Es posible que no te consideres violento porque jamás agredes física o verbalmente a los demás, pero puedes ser tremendamente violento contigo mismo en tu interior. Los resentimientos, los deseos de venganza y el odio reprimido son profundamente violentos y, aunque no te des cuenta, te dañan a ti y a tus seres queridos.

Tal vez no ataques a tus hermanos, pero sí lastimes al perro de tu casa o a alguno de la calle. La crueldad contra cualquier animal, el deseo de causarle daño, es violencia. Hay quienes sienten la necesidad de demostrar su superioridad torturando animales.

Son pocos los hombres que admiten su propio ejercicio de abuso de poder y de violencia, y muy pocos los que reconocer que recurren a ella para recuperar su prestigio, control o poder sobre otros. Se necesita ser un hombre muy maduro para alcanzar este grado de reconocimiento y aceptación.

Los jóvenes no deben de llegar a la edad adulta para reconocer que tienen un problema, cuando tal vez ya destrozaron una parte de su vida. La violencia no es algo que aparece hasta los treinta años. Hay hombres que fueron violentos de jóvenes pero, al no haber pedido ayuda a tiempo, la violencia fue creciendo hasta alcanzar grados intolerables.

La participación directa de los jóvenes en la desarticulación de la violencia es esencial para eliminarla en nuestra sociedad

lunes, 8 de octubre de 2012

QUÉ ES LA CODEPENDENCIA EMOCIONAL


QUÉ ES LA CODEPENDENCIA EMOCIONAL


Codependencia es un término que se utiliza en las adicciones y se refiere a la necesidad del adicto de vivir a expensas de la sustancia.

Qué es la codependencia emocional


La codependencia emocional, se utiliza también para referirse al patrón conductual que presentan muchos familiares de un adicto, en donde terminan tomando decisiones en función de los pensamientos y conductas del adicto.

Los codependientes suelen sentirse responsables por la conducta del adicto, creen que tienen la obligación sobrellevar al adicto y sienten que si se alejan están traicionando su compromiso con esa persona como amigo, familiar o pareja.

Las personas copdendientes presentan la siguiente conducta en relación con el adicto:

1. Sobreprotección. Tienden a hacer todo cuanto esté en sus manos para que el adicto no se haga responsable de las consecuencias que genera su conducta.

2. Intento de control. Creen que pueden modificar el comportamiento del adicto.

3. Asumir responsabilidades. Asumen responsabilidades en tareas que debería realizar el adicto.

4. Racionalización. El codependiente justifica la conducta del adicto, suele usar frases como "bebe porque está estresado".

Al igual que la relación con una persona adicta genera codependencia, las relaciones con maltratadores generan codependencia emocional.

Muchos piensan que las víctimas de violencia están enfermas de alguna manera y que por eso buscan relaciones destructivas. Si bien es cierto que en muchas familias se siguen patrones de violencia que generan un círculo vicioso de generación en generación, también es verdad que es la relación directa con el maltratador y el aislamiento que éste induce, son los factores que desencadenan la codependencia emocional y que dificultan que la víctima se aleje de su agresor.

La víctima de maltrato esconden sus golpes y moretones para que su agresor no pague las consecuencias, creen de esta manera que lo están protegiendo y que con el tiempo la situación cambiará; piensan que pueden modificar la conducta de su agresor y se vuelven hipersensibles a sus deseos creyendo que así evitarán nuevos episodios de violencia; y también justifican las agresiones con frases como "es que ha tenido un mal día", "es el estrés del trabajo", "son los problemas económicos".

Todas estas conductas son síntomas de codependencia emocional, y se requiere de ayuda psicológica y terapia para terminar con ese patrón de conducta.

lunes, 1 de octubre de 2012

MIEDO AL ABANDONO


MIEDO AL ABANDONO



Son muchas las mujeres que aguantan el maltrato debido al miedo al abandono.

miedo al abandono


Cuando una mujer ha vivido muchísimo tiempo junto a un agresor, ella comienza a desarrollar una codependencia tal, que siente que no podrá seguir viviendo sin "ayuda" del agresor.

Muchas de estas mujeres se han alejado de toda la ayuda real posible, el agresor las aleja de los amigos y la familia. Literalmente no tienen a quien recurrir, incluso llegan a dejar el trabajo por la presión de su victimario, lo cual las deja sin recursos económicos.

En una situación así hay una desesperación absoluta: ellas no se pueden ir, pero también tienen el miedo constante a que la única persona con la que tienen contacto y que las mantiene se vaya. En estas circunstancias el miedo al abandono es muy real.

Lo curioso es que a la larga, casi todas terminan así: abandonadas. No literalmente, pues agresor siempre regresa al hogar a imponer su autoridad; pero generalmente se desaparecen durante el día, llegando a altas horas de la noche, sin tener ningún contacto emocional con la esposa ni los hijos, no se hace cargo de sus responsabilidades paternas dejando a ella toda la carga, y en muchas ocasiones ni siquiera lleva dinero a la casa pues todo se lo gasta en él mismo.

Más abandono que ese no puede haber. Por eso es muy importante que las personas no se alejen de sus círculos de amigos y sobretodo de su familia. Y también tener conciencia, de aunque te hayas alejado de ellos, en caso de que lo necesites siempre puedes volver a recuperar el contacto.

En situaciones de violencia cualquier ayuda es necesaria, y también es necesario superar el miedo al abandono.

viernes, 22 de mayo de 2009

ENFERMEDAD DE ESTOCOLMO

La "Enfermedad de Estocolmo" no es una enfermedad como tal, es un síndrome.


ENFERMEDAD DE ESTOCOLMO


Mucha gente la conoce como "Enfermedad de Estocolmo", pero en realidad estamos hablando del Síndrome de Estocolmo.

La diferencia entre una enfermedad y un síndrome radica en que la enfermedad presenta alteraciones en la anatomía y una causa evidente; el síndrome en cambio, es un conjunto de síntomas cuya causa no siempre es reconocida y que produce trastornos, es decir, comportamientos y conductas que reflejan algún tipo de desorden mental.

Lo cual significa que los síntomas de un síndrome provocan desordenes mentales. El síndrome puede ser causado por una mutación genética (el caso del síndrome de Down) o bien un entorno específico como la guerra.

Las situaciones estresantes, incluyendo el maltrato físico, provocan síndromes. No son enfermedades dado que no hay un agente biológico que las cause, y por lo tanto la cura no se adquiere a través de medicamentos.

En el caso de la violencia doméstica, mucha gente no entiende realmente por qué una víctima de agresión permanece al lado de su agresor. Algunas personas todavía creen que a la víctima en realidad le gusta sufrir o que si no hace nada es porque no quiere o le falta el intelecto para hacerlo. No entienden que la mayor parte de las víctimas de violencia doméstica llega a desarrollar una "especie" de Síndrome de Estocolmo.

El Síndrome de Estocolmo se identificó por primera vez en el caso de un asalto en donde los criminales retuvieron rehenes, tiempo después los médicos notaron que muchos de los rehenes desarrollaron un afecto inusitado por sus captores, los psicólogos de entonces descubrieron que este apego era una defensa mental para poder aguantar el miedo a morir que sufrieron durante el secuestro. Por eso se usó inicialmente el Síndrome de Estocolmo para explicar la permanencia por parte de una víctima hacia su agresor, porque efectivamente la víctima se encuentra en un estado de secuestro en donde su vida depende de las acciones de su captor y en donde existe al mismo tiempo un vínculo de apego.

El Síndrome de Estocolmo es una estrategia activa de supervivencia ante los riesgos que implicaría tratar de separarse, como el incremento de violencia e incluso la muerte. De hecho, el Síndrome de Estocolmo es considerado una respuesta normal ante una situación anormal.

Sin embargo, aunque los síntomas que padecen las víctimas de violencia doméstica son muy similares al de personas secuestradas, la situación no es exactamente la misma. Es por eso que ahora se usa la definición de "Síndrome de la mujer golpeada" para explicar el apego en casos de violencia doméstica.

Las víctimas de secuestro generalmente no tienen ninguna relación con sus secuestradores, su apego se desarrolla en el momento en que la persona que es dueña de su vida lo deja vivir e incluso le da buen trato. Una chica secuestrada hace tiempo, relataba que sus captores habían sido amables con ella, le habían dado de comer y se preocupaban de que no pasara frío. Esas aparentes buenas acciones dan seguridad a las víctimas y mentalmente se crea la ilusión de que los captores no son tan abusivos.

En cambio, las víctimas de violencia doméstica sí tienen un apego previo y una relación sentimental con su agresor, y desde inicios de la relación se pueden notar sesgos de violencia; pero también existen buenos tratos. Los regalos, invitaciones a cenar o a comer, las palabras bonitas, aunado todo eso al enamoramiento inicial, crean la sensación de que cualquier otro abuso que se cometa no es tan grave.

Aún en casos extremos de violencia la víctima necesita afecto y protección; sin embargo, al encontrarse aislada de los demás su única opción es el abusador. Si éste expresa la más mínima consideración, la víctima niega su rabia y crea un vínculo con el lado positivo del agresor, con la esperanza de que la deje vivir. La víctima se esfuerza por mantenerlo contento volviéndose hipersensible para detectar sus necesidades y estados de ánimo. De manera inconsciente, llega a sentir como suya la visión del mundo del abusador. Sus propias necesidades, sentimientos y puntos de vista pasan a segundo plano ya que interfieren con lo que debe hacer para sobrevivir.

Las siguientes son las diferencias entre las características de los casos de quienes presentan Síndrome de Estocolmo y las que desarrollan el Síndrome de la Mujer Golpeada:


En el Síndrome de Estocolmo:

a) El rehén es típicamente hombre.

b) El inicio de la relación con el agresor es involuntario.

c) El vínculo emocional con el secuestrador comienza después de empezar el abuso.

d) Otras personas negocian la liberación con el agresor, y hay la posibilidad de rescatar a los rehenes.

e) Las negociaciones para la liberación no dependen de que los rehenes prueben NO haber provocado ser secuestrados.

f) Las autoridades intentan capturar o castigar a los secuestradores.

g) El inicio del abuso es repentino y claro.


En los casos de violencia familiar:


a) El rehén es típicamente mujer.

b) La relación con el agresor inicia voluntariamente.

c) El vínculo emocional con el captor comienza antes de iniciar el abuso.

d) La víctima tiene que negociar con el agresor y encontrar la forma segura de escapar sin ayuda de nadie.

e) A menos que la víctima pueda probar que sufrió una agresión contra su vida, los extraños no intervendrán.

f) Los agresores rara vez son castigados incluso con décadas de abuso, a menos de que la víctima o alguno de sus hijos mueran.

g) El inicio del abuso es lento. Se crea un hábito y con ello una adaptación. No se detecta la agrsión hasta que es muy grave.


En realidad, la diferencia social más grande entre estos dos síndromes, es que el Síndrome de Estocolmo sí se reconoce como una afectación derivada de un abuso, todos reconocen que un secuestro es un acto de violencia que debe ser castigado y cuyas víctimas deben ser apoyadas física y psicológicamente. En cambio, las mujeres que son abusadas deben aguantar el estigma de que seguramente ellas provocaron la violencia de alguna manera, la gente rara vez lo denuncia como un delito y las víctimas no consiguen la ayuda que necesitan.

lunes, 11 de mayo de 2009

HOMBRE GOLPEADOR

Abandonar a un hombre golpeador puede ser más difícil de lo que parece, y muchas personas no entienden por qué una mujer abusada no escapa de ese ambiente. Las siguientes son tres razones por las cuáles una mujer no abandona a un hombre golpeador (o que cometa cualquier tipo de agresión):

1. MIEDO

Muchas mujeres sienten un miedo totalmente justificado, de que al irse la violencia aumente. Ya sea por amenaza directa del hombre golpeador (incluso amenzasa de muerte), o por que se deduce la propia conducta agresiva. En este tipo de casos suele haber amenaza hacia la vida de la compañera, hijos, amigos, familia e incluso mascotas.

2. MINUSVALÍA APRENDIDA

En ocasiones, la víctima presenta un trauma físico y psicológico que le impide ver un escape a su situación aún cuando se le ofrezcan opciones para salir del escenario violento. Las víctimas se sienten sin valía ni poder y por lo tanto inmovilizadas, lo cual se agrava más en aquellos casos donde se presenta aislamiento y por lo tanto absoluta dependencia económica y social hacia el hombre golpeador.

3. MITOS CULTURALES Y RELIGIOSOS

La violencia de género es caldo de cultivo para la violencia familiar. La sociedad promueve pasividad, cortesía y trato respetuoso por parte de las mujeres; pero los desalienta en los hombres. Algunas mujeres siempre se acoplan a los deseos de su marido, aunque sean contrarios a los suyos, por la creencia de que esto forma parte de un privilegio masculino. Los hombres golpeadores pueden jugar con la ventaja de este estereotipo de rol de género o "privilegio masculino" para controlar mejor a sus parejas. Por ejemplo:

-"Pega cada día a tu mujer que ella ya sabrá por qué lo haces", refrán árabe.

-Es peor para los hijos la separación de los padres que la violencia familiar.

-La violencia familiar es un asunto privado que no hay que ventilar.

-La familia es primero que la mujer.

-La misión de la mujer es tener unida a la familia.

-El amor todo lo perdona.

Cuando un individuo adopta estos mitos como valores personales, se puede convertir fácilmente en víctima o victimario. Y en el caso de ser agredida, será más dificil para la mujer dejar a un hombre golpeador.

sábado, 9 de mayo de 2009

MÉTODOS DE SOBREVIVENCIA

Los métodos de sobrevivencia pueden ser naturales, o por otro lado, estar desarrollados de alguna manera por el ser humano.


MÉTODOS DE SOBREVIVENCIA



Cuando hablamos de métodos de sobrevivencia naturales, hablamos de las reacciones que utiliza el cuerpo humano para adaptarse o ponerse a salvo en situaciones de peligro.

Generalmente, cuando estamos en una situación de peligro inminente, nuestro cuerpo se prepara para reaccionar de dos formas: huir o pelear.

Pero en el caso de la violencia familiar, debido al vínculo emocional que existe con el agresor, las reacciones para afrontar el peligro cambian.

Uno de los primeros mecanismos que se implementan de manera inconciente para protegerse de las agresiones, es la negación. La mujer se dice a sí misma que el abuso no está sucediendo o lo minimiza. Por ejemplo: "¿Este moretón? ¡Oh, no es nada!" o "Él no me lastima en realidad". Negar la realidad evita enfrentar sentimientos como el temor o la humillación.

Otra forma de soportar la angustia generada por la violencia, son las pesadillas. Muchas mujeres canalizan sus sentimientos de pánico, vergüenza, ira o temor; a través de "sueños malos". Pues sólo así son capaces de expresarse sin sufrir una agresión o que su vida peligre.

Por último, también algunas féminas presentan cuadros de disociación en el momento de un ataque. Es como si su cuerpo y su mente se durmieran durante los episodios de agresión, para que de esta forma eviten los sentimientos y el dolor hasta estar en un lugar seguro. Por supuesto, este mecanismo de defensa no evita las lesiones que provocan los golpes.

Estos métodos de sobrevivencia se adoptan de forma inconsciente, ante la imposibilidad de huir del peligro; pero con la agravante de no poder pelear porque no se cuenta con la fuerza física necesaria para defenderse del agresor.

Desafortundamente, aunque el cuerpo adopte estos métodos de sobrevivencia para enfrentar el peligro, ninguna de estas maneras de afrontar el problema ayuda realmente a la mujer a salir de su situación, pues el peligro se encuentra dentro del propio hogar, lugares en donde se supone deberían estar seguras.

sábado, 2 de mayo de 2009

CONSECUENCIAS DE LA VIOLENCIA EN LAS MUJERES MALTRATADAS

Las consecuencias de la violencia en las mujeres maltratadas pueden ser realmente terribles: aislamiento social, baja autoestima, etc.


CONSECUENCIAS DE LA VIOLENCIA EN LAS MUJERES MALTRATADAS



Muchas veces las consecuencias de la violencia en las mujeres maltratadas son subestimadas, y a veces se confunde una consecuencia con una causa. Por ejemplo, mucha gente cree que sólo las mujeres con baja autoestima y que no quieren son víctimas de violencia, cuando en realidad es la misma violencia quien las dejó en esa condición.

"Cada vez que me pedía disculpas y perdón yo decía que él lo hacía sin querer, que no tenía el deseo de hacerlo, sino que a veces me culpaba yo de todo. Llegó al grado en que yo me sentí menos, decía que yo tenía la culpa y así. Me echaba la culpa a mi, entonces yo decía que sí tenía la culpa porque me volví también muy agresiva, muy insegura de mi persona yo decía bueno a lo mejor yo lo provoco, dentro de mí".

Testimonio de Rosa

Las mujeres que sufren agresión por parte de sus esposos o compañeros con frecuencia empiezan a presentar ciertas características emocionales:

-Se culpan a sí mismas por lo que está pasando
-Guardan silencio sobre el maltrato
-Justifican cualquier golpe dando peso a los motivos de su agresor y apelando al vínculo afectivo que les queda por él (escuchamos frecuentemente frases como: "es que aún lo amo").

Muchas veces se piensa que sólo las mujeres dependientes y con baja autoestima son víctimas de violencia; pero lo cierto es que cualquier mujer es susceptible de caer en esta situación. Cientos de mujeres agredidas eran seguras y autosuficientes antes de vivir esa situación de agresión, lo que demuestra que los ataques constantes provocan inseguridad en la víctima.

Entre las consecuencias de la constante agresión encontramos:

Culpa y vergüenza. La mujer se culpa y se avergüenza debido a las ideas y creencias con las cuales fue educada. Por ejemplo: "Debo mantener a mi familia unida", "no quiero fracasar en mi matrimonio", etc. Y por lo regular guarda silencio.

Por otro lado, el agresor la culpa de su ira como parte de su estrategia de abuso y control. Por ejemplo: "Si tan sólo hicieras lo que te pido", "si no me contradijeras frente a los niños no me enojaría", "es sólo que con tus cosas me sacas de quicio", "te gusta hacerme enojar". Además, a las mujeres maltratadas se las culpabiliza de querer seguir con el agresor: "Si no se va es por que no quiere" y/o merece el abuso: "Señora, téngale su ropa planchada, trátelo bien".

Impotencia. Este sentimiento surge cuando la mujer ha intentado parar la violencia de muchas formas maneras: ha insistido en la comunicación, ha intentado complacer a su agresor en todo lo que ha podido, prediciendo lo que puede llegar a molestarle. Pero la violencia sigue.

En muchas ocasiones ha buscado ayuda externa, con familiares o autoridades y no encuentra la compresión ni el apoyo como ella quisiera. Pareciera que nada funciona, llenándola esta situación de una gran impotencia y resignación.

Se siente amenazada, con miedo. En muchos casos la mujer teme por su vida debido a las constantes amenzas y agresiones verbales, físicas o sexuales. Por otro lado, la exposición a la violencia constante en su espacio íntimo, ignorar el por qué y el cuándo de la siguiente golpiza es causa inevitable de miedo y/o terror, tensión y estrés.

Aislamiento y control. Una de las caraterísticas de la agresión es intentar alejar a la mujer de todo contacto con el exterior, distanciándola de familiares y amistades, descalificándolos, celándola, peleando con ella cada vez que sale. Él controla su dinero, ella deja de trabajar. Por lo regular la mujer se siente tan mal consigo misma y la situación, que tampoco tiene ganas de que la vean o de salir, por lo que va aceptando el aislamiento impuesto.

Minimización, falta de poder. El maltratador intenta convencer a la mujer de que carece de cualidades y todo lo hace mal, a la vez que él se presenta como especialmente perfecto. Por ello, la víctima nunca consigue su aprobación. No la valora en nada, ella se siente incompetente en todo lo que hace ya que ha sido descalificada sistemáticamente.

Se olvida de sí misma, sumisión. La mujer se olvida de sus propias necesidades para satisfacer las de su agresor. Él se convierte en el centro de su vida. Se vuelve sumisa, pasiva, dócil.

Confusión. El mundo "seguro" que conocía junto a su pareja íntima, comienza a ser desconocido. Ella ya no reconoce esa realidad ni a esa persona que creyó conocer, quien ahora le es totalmente ajena e impredecible. El agresor presenta momentos de arrepentimiento que contribuirán a la desorientación de la víctima.

Dependencia. La incapacidad de la víctima para poner en práctica los recursos que conoce, tanto propios como externos (hablar, negociar, suplicar, conceder, pedir ayuda, denunciar, etc.), para disminuir el riesgo de ser maltratada, la impulsa a adaptarse, sujetándose paradójicamente a la única persona que ella ve se mueve bien el mundo (porque él se lo ha hecho creer así), su pareja violenta.

Depresión. Una mujer constanmente lastimada, sin perspectivas, y que ha acabado por creer que su vida no tiene alternativas, caerá en un estado depresivo que la paralizará aún más para tomar decisiones y/o acciones que la ayuden a salir de su situación actual.

viernes, 24 de abril de 2009

VIOLENCIA COTIDIANA

Violencia cotidiana es una forma de la vida que muchas mujeres sufren incluso sin darse cuenta, y es que en ocasiones piensan que es lo normal; pero no es así.


VIOLENCIA COTIDIANA


Cuando hay violencia cotidiana, es difícil para una persona darse cuenta de ciertas situaciones que la dañan simplemente no deberían de existir:

"Yo no sabía que vivía violencia. Aunque desde el principio hubo situaciones de violencia, yo no lo percibía porque no tenía pareja de referencia, no tuve novios, no tuve con quien comparar pues yo pensaba que como pareja era buena. Pero yo tenía muy pocas libertades, yo tenía el papel de única para él, yo no podía tener amistades, no podía salir, no podía gastar mi dinero en lo que yo quisiera y todo esto se agudizaba porque empezamos a discutir mucho".

Testimonio de Alma.


Para muchas mujeres la violencia cotidiana ejercida por la pareja comienza desde que empiezan a vivir con él. Y para muchas, cierto grado de maltrato por parte de la pareja es normal: lo han padecido sus madres y sus tías; lo padecen sus amigas y hermanas. Al principio, no es motivo para cuestionar la relación, sobretodo cuando muchas salieron muy jóvenes de sus casas buscando independencia. El verse a sí mismas como dependientes de la pareja -no necesariamente en términos económicos, sino más bien en términos de jerarquía de poder dentro de la casa- hace que muchas veces den por hecho que esta desigualdad se exprese de manera violenta.

"Me daba una cachetada de vez en cuando, ya sabe usted, lo normal", comenta una mujer. O sea, nada extraordinario. Tanto para la mujer como para el hombre, la violencia cotidiana es vista como una expresión o reafirmación normal de la distribución de poder dentro del hogar.

Cuando hablamos de violencia cotidiana en una relación de pareja, muchas veces se minimiza o se justifica cierta conducta. Se da por hecho que cierto nivel de violencia es "normal", y si hay alguna queja por ciertos comportamientos entonces se tacha de exagerada.

Frases como "me cela porque me quiere" o "todas las parejas tienen problemas" justifican conductas como los gritos o los insultos. Pero el hecho es que una mala palabra dirigida hacia la pareja que hiera y haga sentir mal, ya es un acto de violencia y es suficiente para cuestionar una relación.

Sufrir violencia cotidiana NO es normal.